sábado, 25 de enero de 2014

El color del año: el orquídea radiante

¿Sabéis ya que el color de este año es el orquídea radiante o qué? Es el Pantone del 2014, y ¡me encanta!

Para lo que no tengáis ni idea de qué es esto, el Pantone Matching System es un sistema de identificación, comparación y comunicación de colores para las artes gráficas: el más reconocido. Nació en los años 60. Y para los que hemos estudiado historia del arte es el "por fin": por fin una manera objetiva de diferenciar tonos. Porque vamos, ¡como que verde? ¿Verde qué? ¿Blanco cual? ¿Azul cómo? Es que así no se puede.

Yo estoy especialmente enamorada de este sistema, porque además cada año elige el tono estrella de la temporada: no penséis que el Zara se inventa nada....Y lleva tres años...

En el 2012 el Mandarina Tango (¡pero como he podido vivir sin este color!); nunca un color tan atrevido quedo tan bien a las pelirrojas pecosas...para el 2013 el Esmeralda...y en 2014 estad preparados para el Orquídea Radiante...y digo bien porque ya he visto electrodomésticos para hipsters de este tono...

Y es que un color no es solo un color. Desde que en el XIX surgieron los pigmentos industriales sabemos que las mezclas son infinitas...y una pizca de blanco, de rojo, de gris...una pequeña diferencia consigue una atmósfera (y unas sensaciones) totalmente diferentes.

Yo, por supuesto, tengo mis favoritos, algunos recientes y otros históricos. Algunos reproducibles y otros, no tanto. Os los enseño.

De los Pantone tengo pasión por el Mandarina Tango: un tono anaranjado alegre, pero con la fortaleza del rojo: tiene un toque más elegante y sofisticado que el naranja común sin ser tan agresivo como el rojo. Ya os digo, que como tengáis pecas...os queda bien seguro. Y para los textiles y lienzos me parece un color muy adecuado también, muy vitalista.

De los históricos...bueno, ya os he confesado en un post anterior mi pasión por el IKB: International Klein Blue. Un azul ultramarino, eléctrico, y con textura aterciopelada. El Azul Klein, vamos. Patentado antes de que existieran los Pantone... ¡Hay cuanto me gustaría a mí inventarme un color! (Y vivir de sus rentas también, claro).

Y en cuanto a otro color que me fascina...recuerdo todavía el sentimiento de quedarme sin respiración con el tono de verde de la Galería Dorada del Charlottenburg, en Berlín. (Podéis verla en detalle aquí).

Aún hoy me cuesta definirlo, porque no era un verde pastel, ni mucho menos. Pero si que era un verde claro, seguro que rebajado con blanco; pero mantenía todo el brillo y toda la intensidad del verde en la naturaleza.

Todavía lo veo hoy y me parece espectacular, y ya os digo que no soy nada nada fan de los colores pasteles. Pero es que este tono de verde es muy especial. Puede que lleve algo de dorado porque la combinación en la sala con el oro es muy adecuada...

Me encantaría conocer el tono exacto, sobre todo, para poder reproducirlo en mi casa...porque el Amazonas de Bruguer se da un aire, pero vamos, si lo queremos al detalle, ni de lejos.

Os animo a que visitéis virtualmente este espacio tan sugerente y así de paso ayudo a quitar toda esa lacra de que el rococó es recargado. El rococó es todo luz y luz; espacio y simplificación. Vale, no eran minimalistas, pero venían del Barroco...¡a ver que iban a hacer! Pero dejaros llevar sin prejuicios por este ambiente y veréis que todo es luz, aire, naturaleza entrando a raudales y espacio y espacio, tan liviano.

Creo que es el mismo tono de varios pabellones en Sanssouci, pero la sensación no era exactamente la misma: puede que por las dimensiones del edificio o por el hecho de estar en el exterior. No sé. ¿Mismo color, pero diferente efecto? No sé, no sé. A lo mejor no es exactamente el mismo.

¿Veis? La mínima variación lo cambia todo.



Y el otro color del que estoy absolutamente enamorada es del blanco. ¡Qué anda que no es difícil saber de qué tono de blanco! Puf, es el color que más tonos tiene...imposible. Pero os digo de que blanco en concreto os estoy hablando.

Este blanco lo descubrí en el Museo del Louvre; y como casi siempre, fue un poco casualidad. Porque yo estaba ahí para ver y disfrutar del Embarque de Citerea de Watteau....que ahora que lo pienso, es la misma razón por la que fuí a Charlottenburg, para ver la otra versión....Raro, raro...El embarque de Citerea unió dos de mis colores preferidos...

Bueno, pues aquí estaba yo con cara de intelectual, analizando hasta el último detalle del Embarque...cuando me giro y a mi derecha, como protagonista absoluto, esta el Pierrot de Watteau; una obra de metro cincuenta donde el protagonista absoluto es el blanco del traje. Pero absoluto.

La imagen también es muy interesante; es la cara del payaso, del animador de la Comedia del Arte...que aquí está melancólico y cansado, con los brazos caídos. La tristeza del que entretiene, la marioneta del sistema. Le veo pensando -si es que no me rodean nada más que patanes.

Pero independientemente del gesto, del fondo, de la historia; el protagonista absoluto en esta obra, que parece un bodegón, es el blanco rotundo, precediendo casi al arte abstracto. Blanco y nada más. ¿Y qué más? Da igual si es blanco sobre fondo blanco, o sobre fondo negro...es El Blanco.

He de reconocer que esta obra me revolucionó un poco mi propia historia del arte, y fue el inicio de un affair con un color que, por común, no es menos especial. Me gusta cuando aparece en los paisajes, en la nieve; en los trajes y en los fondos. Pero también cuando aparece tal cual: blanco. No necesito más. 

Os dejo una selección de "mis blancos" favoritos, aunque ya sabéis como es esto de las reproducciones: nunca se consigue el tono correcto.

Espero que os llegue mi devoción por estos colores, y bueno, como siempre, estoy deseando aprender y que me sorprendan, así que ¡animaros a decirme los vuestros!.








jueves, 2 de enero de 2014

Series: ¿qué ha pasado en las Navidades?

Decidido: las mejores Navidades son las de Reino Unido. Y no por sus mercadillos, sus decoraciones y sus christmas jumpers...que son cosas estupendas, pero no. No es por nada de esto.

Han sido las mejores Navidades porque han tenido la mejor programación televisiva. ¡Qué cosas! Os cuento para daros envidia:

El dia 25 han tenido el capítulo especial de Navidad de Downton Abbey, que no os penséis que es un especial de cariño y amor rodado en ambientes navideños. Ni hablar. Es un capítulo más dentro de la serie (que se emite entre septiembre y noviembre) en el que no solo sigue la trama, sino que ocurren acontecimientos importantes. Imprescindible.

El capítulo especial tiene 30 minutos más de metraje, y el de este año ha estado correcto (teniendo en cuenta el nivel del especial del año pasado, donde murió hasta el apuntaor).

En este hemos tenido debutantes de gala, ricos americanos versus aristocracia y hasta a los reyes y al Príncipe de Gales. Very Downton.

Aunque esta serie tuvo, a finales de la temporada pasada, un bajón considerable, ha sabido remontar de nuevo de forma magistral. Han vuelto a dar vida a las historias y una mayor complejidad a los personajes, manteniendo a flote una serie magnífica. Nos han hecho interesarnos de nuevo por los vaivenes de los personajes.

Para mí, fundamentalmente, es una serie de humor, porque he de reconocer que con los diálogos de Violet Crawley (Maggie Smith) es que no puedo de la risa. ¡Quiero un libro con sus diálogos ya! ¡Para aprendérmelos de memoria!. Inglés en 500 diálogos. Total.

Porque aunque las series norteamericanas también pueden tener una calidad excelente, tengo la sensación de que los mejores guionistas están a este lado del Atlántico. Son capaces de pulir las líneas de manera extraordinaria, y poco escapa a la maestría del escritor europeo (no como en las americanas, que SIEMPRE adivinamos el asesino...que pereza que da).




Otra serie de altísima calidad con la que se han alegrado nuestros vecinos las fiestas (y un poquito más tarde nosotros) es Sherlock, donde, si Benedict Cumberbatch no brillara de esa manera, veríamos que las grandes estrellas son también los guionistas.

La primera emoción emocionante fue el adelanto del día de Nochebuena, justo antes del especial del Doctor Who. Muy apropiado. Un corto de siete minutos que batió récords de visionados en Internet. Que contaba poco, pero dio igual. Queríamos ver ya lo que fuera....







Algo del todo normal porque estábamos sedientos de noticias. Y es que, por si aún hay alguien que no ha visto esta serie (OMG), resulta que terminamos la temporada pasada con (spoiler) Sherlock muerto. La temporada pasada: que esto significa en realidad desde el 15 de enero de 2012. Vamos, como para no estar impaciente...

Y es que Sherlock es una serie trepidante, tanto en guión como en forma, que empezó siendo la plataforma de lucimiento de Londres, después de los guionistas y ahora de Benedict, que nos ha enamorado. Bueno, nos ha enamorado demostrando que es un actor como la copa de un pino, con una voz espectacular y digno heredero de Sir Ian. Vamos, que mejor cogerle cariño porque ya os digo que tenemos actorazo para largo.

Pues en Nochebuena tuvieron avance (esperadísimo) y para empezar el Año Nuevo con energía el primer capítulo de la temporada. ¡Por fin! ¿Son geniales las navidades en la televisión británica o qué?

Yo hoy, como los buenos deportistas, me he levantado temprano para salir a correr antes de irme a trabajar. Bueno, en mi caso, para ver el nuevo capítulo antes de irme a trabajar. Ha valido la pena. Y eso que requiere un esfuerzo, ¿eh?, que las temporadas tienen solo tres capítulos pero es que son largometrajes de hora y media. Ahora, he pasado un sueño...

Que no he sido la única, porque el primer capítulo de esta temporada ha batido todos los récords de audiencia, y la BBC tuvo un despliegue en la web para evitar que salieran spoilers fuera de UK digno del MI5. (Ansiosos de buen cine que estamos). Time to be Sherlock. 




Y por si fueran poco hay dos series también muy recomendables que se han emitido durante el mes de diciembre, pero que quizá con tanta fiesta han pasado desapercibidas: Tremé y Last Tango in Halifax.


Tremé ha emitido su temporada final: un bloque de cinco capítulos que han servido como cierre y, sobre todo, como homenaje a la música y cultura de Nueva Orleans: tan particular y tan desconocida.

Magnífica. Es una serie imprescindible a todos los que amen la música; a todos los que sientan curiosidad sociológica y en realidad a todos los que disfruten del buen cine.









Y también durante este mes hemos podido ver la segunda temporada de Last Tango in Halifax. ¿Os acordáis de que os hablé de una serie muy tierna donde dos ancianos, enamorados desde el colegio, se volvían encontrar gracias a Facebook?

Están añadiendo personajes y enriqueciendo la trama, pero sigue en esta línea de ternura: ese no contar nada pero contar solo cosas importantes. Me ha gustado mucho esta nueva temporada. Una serie muy recomendable.






Y mientras nosotros con nuestros Rafaeles, Alboranes y el típico programa especial de cantantes. ¡Qué suplicio! Na,na,na,na...na na na.



domingo, 15 de diciembre de 2013

El Hobbit: La desolación de Smaug

Ayer fui a ver El Hobbit: La desolación de Smaug y la verdad es que la peli estuvo requetestupenda. El Hobbit se ha convertido casi casi en la única ocasión a año en la que voy al cine. Porque vamos, si como licenciada tengo que trabajar varias horas para comprar una entrada...las cuentas no me cuadran, así que...

La cuestión es que esta película es la quedada anual con una amiga, y bueno, se ha convertido en un clásico. Con la primera quedamos con un año de antelación, cuando éramos conocidas, y recuperar la promesa tantos meses después nos ha terminado por convertir en amigas. Que nos vemos más a menudo, claro. Una historia bonita.

Y es que con El señor de los anillos también tengo recuerdos especiales:

La primera, la descubrí en un cine de verano cenando un bocata de chorizo cuando ni sabía quien era Tolkien, ni el Señor de los anillos ni nada de nada (OMG, sí, para todo hay una primera vez...). Qué gracia.

La segunda, fue la cena super especial de Nochebuena en Amsterdam, donde pasé las fiestas sola: me fui a los cines Tuschinski (esos taaaaaaaan bonitos y especiales de los que os hablé en este post), que me sentí tan especial como si fuera a la ópera, y como duraba tanto se me paso la tarde en un plis plas. Una de mis mejores Nochebuenas.

De la tercera....pues no me acuerdo. Raro, raro. Y ya las de El Hobbit que las retomé con mi amiga Estefanía.Y hasta ahora.

El primero de nuestros acuerdos es verla, siempre siempre, en VO. ¡ No se puede escuchar a Sir Ian en castellano, no way! Hay voces que no admiten doblaje, you fools; y esta es una de ellas.

Me desconcerté un poco con la publi y los múltiples trailers que pusieron en versión en español ¿?. Si la mitad de la sala eran guiris...Y he de reconocer que cada cual me pareció más absurdo que el anterior:

Una escena en primicia de "La leyenda del samurái-47 Ronin". ¡Pero eso qué es? Me alegro de que Keanu Reeves vuelva a trabajar, las cosas como son. Pero por lo demás...pero qué es esta cosa con samuráis persiguiendo a un mostruo que parece de un videojuego (multicolor como de Avatar) con cara de circunstancia. Vamos, me pareció un disparate horroroso.

Luego el trailer de Spiderman, ese héroe que no llena ni las mallas, pobrecito. Y cuidado con la frase que resume la película: "Pronto todos en esta ciudad sabrán lo que se siente al  vivir en un mundo sin energía. Sin piedad. Sin Spiderman.". ¿Alguien me puede explicar la secuencia lógica de estas palabras. No sé, es como si dice; un mundo sin salmones. Sin rotuladores. Sin esperanza... ¿? A lo mejor ahora es de humor.

Ya os digo, que el mejor trailer y la peli de más calidad...el anuncio de un nuevo videojuego de romanos. Si es que tienen un nivel los videojuegos impresionantes...y un pedazo de guión. Y unos medios. Y una creatividad. Vamos, porque necesitas más de dos horas para disfrutarlo, pero de todo, ganó por goleada.

Y poooooooooooor fin comenzó la película. Que se pasa...en abrir y cerrar de pestañas, como se dice en holandés. Chulísima. Han quitado las bromas para adolescentes que sobraban en la anterior, las canciones de relleno y han dejado la esencia; el camino y los paisajes. Caminante, no hay camino...

Y es que soy super fan de las vistas aéreas de la película. Puede que sea por mi carácter mesetil, donde todos llevamos un milano dentro: pero esas vistas de paisajes infinitos, de llanuras colosales...son espectaculares. A ver si tengo suerte y me toca el viaje a Nueva Zelanda y os lo narro en directo ;). Ya con los paisajes la película me merece la pena, la verdad.

Hay personajes muy destacados: el que más, la elfa Tauriel, un invento de Jackson y Walsh que se hacía muy, muy necesario. Y es que Tauriel es una elfa (pelirroja) fuerte, guerrera -un poco Brave- con la que por fin las mujeres nos podemos identificar. Porque vamos, yo reconozco la calidad y los amplísimos conocimientos de Tolkien; ahora, en cuanto a las mujeres deja mucho que desear. O bruja, o virgen celestial, vaya truño. Ahí atufaba un poco a naftalina de la época. Aunque Juego de Tronos es un poco así y no tiene esa excusa...

Bueno, a lo que íbamos. El personaje es todo un acierto. Además (spoiler) se enamora de un enano. Alto, y guapete, pero enano. Y eso también tiene su punto de ternura.

Hay otro personaje, en cambio, que es todo lo contrario. Un horror...Es Thranduil, rey de los elfos silvanos del Bosque Negro, y padre de Légolas.

Es una cosa entre Madonna travestida, con micrófonos a ambos lados y pelo rubio casi blanco y cejotas negras...y un señor anclado en la época Locomía.

Tiene una manera de hablar, de moverse, que no sabemos si es la reina mala del Carnaval o algo. A ver si alguno aguanta sin reírse. Qué cosa más...cosa. Y ese traje. Bueno, bueno, que ahora tenemos hasta lástima a Légolas, no os digo más.

Y por fin, el super momento que TOOOOOOODOS esperábamos: ese encuentro 

- Uy, tú eres Sherlock...
- Elemental, querido Watson.

O traducido a no-friki, el encuentro entre el dragón Smaug, al que pone la voz -de manera magnífica- Benedict Cumberbatch (el Sherlock de la BBC) y Bilbo, el actor Martin Freeman (Watson en el mismo show). Ese momento tan ola ke ase. Espectacular.

Y es que nuestro Sherlock favorito, fondo de armario durante tanto tiempo en la BBC, es también nuestro dragón favorito de todos los tiempos. Tenéis que escucharle, ¡qué voz!...Yo le veo heredero de Sir Ian, no digo más...

Así que os animo a verla, que merece la pena, SIEMPRE en vose, ¿eh? No os perdáis las voces de estos actorazos, que es la mitad de la interpretación.

De lo demás, no os cuento más. Ya os sabéis la historia, y si no vais a ver críticas mil. Os dejo con el trailer para que veáis, y disfrutéis, de todos estos nuevos personajes. Y para que os echéis unas risillas con el rey de los elfos, que me parto...Por cierto, que veo mucha influencia de Friedrich y el romanticismo a la hora de recrear algunos bosques. Me gusta.







sábado, 30 de noviembre de 2013

In the mood for Xmas

¿Nos vamos preparando para Navidad, o qué? Porque, como bien sabréis, la Navidad es un estado de ánimo...o más bien, hay que estar predispuesto a tener un estado de ánimo para poder disfrutarlas.

Ya os cuento que a mí es una época que me gusta; y si consigo viajar al extranjero y ver otras decoraciones y mercadillos aún más. Que le voy a hacer. Me gusta celebrar el solsticio de invierno: por fin dejamos atrás los días oscuros -con frío pero sin nieve- en los que sufrimos continuamente porque los días cada vez son más cortos.

 En Navidad todo se da la vuelta: los días se irán alargando minuto a minuto, empezamos a ver los primeros síntomas de la primavera, silenciosamente, y por qué no; cambiamos de año, de número...y yo hasta de edad, porque como me suele costar llevar los cálculos de los años que tengo el 1 de enero empiezo a practicar con mi nueva cifra. Que luego no los cumplo hasta que vuelven las cigüeñas,¡pues qué más da!

Voy a ir empezando a poner luces, brillos y colores, que me recuerdan cuan pronto llegará el buen tiempo y qué poco hace falta, estéticamente, para ser feliz. A comer speculaas, chocolate caliente, galletas de jengibre y a probar otros muchos sabores que me recuerdan la alegría de viajar y probar cosas nuevas. Voy a cantar villancicos aunque sea sola, y a llevar calcetines de renos y muñecos de nieve. Voy a decidir disfrutar de la temporada.

Peeeeero para todo eso hay que entrenarse, claro. Ponerse a tono. ¿Y cómo lo hago? Os cuento mis cuatro trucos cinematográficos para estar lista y con un nivel de ternura estupendísimo. Cuatro películas que me veo TODOS los años y que os recomiendo con locura:

En el number 4 está Bridget Jones´s Diary, una señorita con la que comparto edad y un futuro laboral un tanto incierto...entre otras cosillas variadas.

Empieza  en Navidad, of course, para ir poniéndonos a tono, y (como no me creo que no la hayáis visto) os recuerdo que con puntazos familiares de los más hilarantes: ese modelito que parece hecho con cortinas, ese refinamiento que son los pepinillos en vinagre con palillo...y ese Colin Firth que no nos puede caer mal ni parecer feo ni queriendo, para que nos vamos a engañar.

A partir de aquí viene un año lleno de cambios, de locuras, de momentos inesperados...y mucha mucha nieve, y mucho mucho amor...y sobre todo, mucha mucha comedia.

¿Qué nos gusta de ella? Está en ese momento decisivo, de cambio, donde decide ser valiente y empezar: empezar de nuevo, empezar cosas nuevas. Y sobre todo empezar a valorarse "Just as she is".

Soy además fan total de la banda sonora, de esas que, ta chán ta chán, ¡te compras original! Eso si que es amor...





En el number 3 esta The Family Stone. Esta tiene un tono un tanto más dramático, pero es también muy entrañable. Aunque tiene un tono coral y diría que todos los actores están magníficos, destacan Sarah Jessica Parker y Diane Keaton.

Esta película me conquistó nada más empezar por los exteriores: un pueblito de la costa norte de Estados Unidos ideal de la muerte: su casita, su nieve, su Inn: vamos, de postal.  Y también habla de un cambio: el de una mujer un tanto exigente y estirada que va a conocer a la familia de su prometido. La pasará de todo -y con todos-, pero también se irá descubriendo a sí misma y recuperando el sentido de la Familia. ¿Navideña o qué? ¡Vedla, que sí, que se llora igual que se rie! (Bueno, se rie un poco más, pero es que cuando se llora....)





Y llegando casi casi a la cima, en el número 2 está The Holiday, con la casa de mis sueños. Y no, no es la magnífica mansión de los Angeles, si no ese cottage taaaaaaaaaaaaaaan estupendísimo en Inglaterra. ¡OMG! Solo le falta un gato para ser perfecto, ya os lo digo.

Entre otros aparece la estupenda Kate Winslet, y es una vuelta de tuerca más a Bridget. Las Navidades vuelven a ser esas fechas destacadas en las que tomar el toro por los cuernos y decidirse a hacer algo nuevo. Ya sabes "si quieres que algo cambie, no hagas siempre lo mismo".

Aunque el entorno campiña inglesa me tiene totalmente enamorada, la verdad es que, lo que más me gusta de la película, es el vecino guionista de Los Ángeles. Ambos detectan lo que le falta al otro, desarrollando una amistad de los más entrañable. Ella le vuelve a abrir al mundo mientras que él, disimuladamente, la hace ver películas de mujeres fuertes, con valor, protagonistas de sus propias vidas. ¡Cineterapia de la buena!




Y en el número 1 la más mejor so ever: Love Actually. ¿Sí o qué?

Por favor, absolutamente magnífica. La he visto tantas veces que ya tengo el DVD cascado y me tengo que comprar una nueva...

¿Por dónde empezar? Las comedias corales me encantan, por ejemplo. Se entrelazan los personajes y sus historias, y esa sensación de que cualquier cosa que hacemos afecta a los demás, y viceversa, es algo fantástico. Además tiene historias, bueno, muy especiales: soy fan de Sarah y Karl. Esa escena de alegría total en la escalera me parece...vamos, el resumen visual de una emoción de manera perfecta.

La película es muy muy romántica; muy muy divertida y muy muy navideña. Y con una banda sonora muy buena. Tiene unos puntos, bueno, que no sabría por donde empezar: el videoclip navideño del abuelo, el momentazo Mr.Bean, la conversación con el niño en medio disfrazado de pulpo. Y esa parte de "niños, no compréis drogas. Haceros estrellas del rock Y OS LAS DARÁN GRATIS!. Por favor....

Es la que primero veo toooooooodos los años y me sigue gustando como el primer día. Si aún no la habéis visto: de verdad, sin falta. A mi ahora me ha dado mono, así que me pongo pero ya.

Porque: Love, actually, is all around.



sábado, 16 de noviembre de 2013

Paseando por cementerios: el Skogskyrkogården

¡Ya he vuelto! Para los que me habéis echado de menos...lo siento, Yo también a vosotros...me he quedado atascada en las reflexiones infinitas de un tema bastante complejo. Creo que lo desgranaremos por fascículos, porque esto va para largo...Cementerios ¿to go or not to go?

Todo empezó el Día de Todos los Santos, el día también de la "muerte" de la naturaleza; cuarenta días después del equinocio de otoño. Este día, en la Meseta, se va a los cementerios. Bueno, se va durante toooooda la semana anterior a freguetear bien las tumbas, ¿como? Os lo cuenta Almodóvar:



¡Qué es así de verdad, eh? Qué cosas. Solo se va a dos cosas a los cementerios de pueblo: a limpiar para que este día brillen las letras...y a rezar el rosario.

Pues resulta que, por casualidad de la vida, me encontré a mí misma en el pueblo de mi madre el día 2 de noviembre. Os tengo que contar que mi familia ya no va al cementerio, y por lo visto suele pasar; en una sola generación se ha pasado de ir a fregar y visitarlo a diario, a no pisarlo jamás.

Me resulta extraño. Es cierto que los cementerios mesetiles suelen estar llenos de armatrostes de mármol que impiden hasta que circules. Apenas hay lugares de paseo, ni naturaleza; solo mármol gris oscuro veteado  ¿? y jarrones de Talavera con flores, las más, de plástico.

Con esta configuración lo único que se consigue es que se estanque la energía. Se convierten en una ciénaga de agua retenida, donde nada circula, ni el aire. Donde no se puede respirar. Y claro, lo único que te produce es desasosiego y llanto. Así que, ya no va la gente.

Yo hacía tanto tanto que no iba, que bueno, me apetecía charlar un rato con mi abuelo, y tuve que preguntar hasta donde estaba....Ahora, de charlar, poco. Las pasé canutas para llegar hasta su tumba sin ir masacrando jarrones con la mochila por el camino. ¡Vaya tela!  Como además está todo tan apretado, nada de hacer turismo viendo esculturas o poemas...nada, nada, ni rodearte puedes: derechita a la tuya y no hay más. Y llego, ¿y dónde me siento? Si la tumba es una lápida más grande que mi cama pero a metro y medio de altura...vamos, que me pongo a trepar para sentarme un rato y me llaman a la Guardia Civil. Y luego están las viejas de la zona...vigilando...no se te curra hablar...que en esto los castellanos somos muy "hacia dentro", como en las procesiones; en silencio, y sin llorar, todo muy grave. Me río de la flema británica...

Total, que como visita, bien. Ahora, como experiencia, horrorosa, Y es que creo que necesitamos recuperar estos espacios. Al fin y al cabo, porque alguien haya muerto no desparece de tu vida, ¡cómo no vas a hablar nunca más con él!. Que no te contesten, bueno, pero no me parece mal mantenerlos al día. Aunque no haya ni restos, solo lápida. Porque ahora los más se van a incinerar. Y yo, que voy a donar el cuerpo a la ciencia, con eso os lo digo todo...

Pero creo que es necesario un lugar, fuera de nuestro hogar, donde recordar a los ancestros. ¿Y cuándo los fallecidos sean esos amigos que nos han acompañado durante media vida? ¿O las mascotas?. Yo por lo menos, iré a comer con ellos y contarles las novedades. Y si nos echamos unas risas, mejor.

Y es que hice las paces con los cementerios, en primer lugar, en Escandinavia. Allí las lápidas son testimonios más modestos, y los cementerios jardines donde pasar una tarde agradable. Siempre están abiertos y, a veces, es el camino más corto para llegar a tu destino, así que se convierten en una zona de tránsito más de la ciudad.

Uno puede pasear, sin venirse a bajo, y disfrutar de los que a veces son auténticas obras de arte.

Así que, cuando visité Edimburgo, me dediqué a hacer tours por los cementerios históricos, que son geniales. Me sorprendió que en todos ellos vivía un vagabundo, que curioso. Eso sí, tan amable y educado como todos los escoceses. Ya estabas preparada para encontrártelo en cualquier mausoleo...y también para darle los buenos días, como a cualquier otro vigilante de museo.

Y es, comparándolos con todas estas experiencias, cuando creo que tenemos que hacer algo con nuestros cementerios. Y también con nuestra manera de enfrentarnos a la muerte. No podemos dedicarnos a limpiar e ir por obligación por el qué dirán; pero tampoco no visitarlos nunca. Me parece más sano que los veamos como un lugar de recuerdos pero también de meditación. Parece tonto y hasta obvio, pero pocos sitios te muestran de manera tan clara lo absurdo de muchas de nuestras preocupaciones.

Creo que en Madrid, como en tantos sitios, hace falta construir un cementerio moderno. La gente ya no se entierra, ni se va a gastar sumas ridículas en tumbas y ornatos (o eso espero). Pero sí que necesitamos un cementerio: no religioso, un lugar especial, donde la gente puedan esparcir las cenizas de sus seres queridos. Y poder ir a pasear, a recordar, a pasar un día agradable y tener un recuerdo para todos los difuntos. Vivirlo de un modo distinto, no como un drama. Más con ese toque vikingo; donde lo que predomina es la armonía y la paz.

No sé no sé, es muy complicado. Me doy cuenta. Ya os digo que hasta que no vi los cementerios del norte de Europa ni me imaginaba que pudieran ser lugares agradables.

Mientras sigo reflexionando sobre el tema, os hablaré del que creo que es el mejor cementerio del mundo: el Skogskyrkogården (El Cementerio del Bosque) de Estocolmo, Patrimonio de la Humanidad.



En la primera década de 1900, cuando la  gestión de los cementerios en la ciudad de Estocolmo depende ya de la Junta Comunal, se decide convocar un concurso internacional para la construcción de un gran cementerio al sur de Estocolmo: el que ahora se conoce como el Cementerio del Bosque. Cuando los arquitectos Sigurd Lewerentz y Gunnar Asplund diseñaron los edificios y el paisaje, el punto de partida fue la experiencia del visitante: el concepto de duelo, y los sentimientos que le acompañan.                                                                                                                                                                                                                                  
Y es que el diseño del cementerio es magnífico: se atraviesa la entrada principal y lo primero que se ve es la gran cruz de granito y la Loma del Olmo.

Ponen mucho empeño en señalar que la cruz no tiene ningún significado religioso concreto, si no que es un símbolo del círculo de la vida-muerte.

Me lo creo. Quiero decir, que paisajísticamente el humano necesita, para no desorientarse, un punto de referencia. Esto los arquitectos lo saben. Si haces un patio simétrico no sabes por donde has entrado ni por donde sales. Así que creo que es eso; una gigantesca referencia visual. 

A partir de este momento empieza la experiencia que creo que es magnífica:


- En primer lugar se asciende a la Loma del Olmo, a través de escalones que a
medida que se avanzan son más bajos, para facilitar la subida y llegar con un ánimo más relajado, más proclive a la meditación. Este es un lugar muy especial donde la protagonista es la naturaleza. 


- A continuación se avanza por el Sendero de las Siete Fuentes; un camino de 888 metros que los allegados de los difuntos deben recorrer para despedirlos en la Capilla de la Resurrección.

Me parece un recorrido muy singular, empezando por lo que mide, 888: un número mágico para muchas tradiciones; desde el número de Jesús (opuesto al 666) hasta el número de la Resurrección o la unión del espíritu con la materia.

Este camino está rodeado por dos tipos de abedules y otros tantos de pinos: las cuatro especies de árboles se suceden según su tamaño y espesura para conseguir que la oscuridad vaya incrementando según se avanza en el recorrido: esto favorece que los que acuden a la ceremonia se pongan cada vez más melancólicos y lleguen con el ánimo adecuado para presenciar la despedida en la Capilla.

- A través de este sendero se llega a la Capilla de la Resurrección, donde se despide a los fallecidos.

Es muy importante que  tiene una entrada y una salida muy diferenciadas. A la entrada se llega con ánimo triste después de recorrer el Sendero de las Siete Fuentes; pero se abandona por un sitio muy diferente: una puerta que te lleva a la armonía de la naturaleza, a la paz, facilitando la vuelta a la normalidad.

¿Es fantástico o no? Tiene más: las tumbas están integradas en el bosque, algunas bastante profundo, y las lápidas son sencillas y pequeñas por dos cuestiones; porque todos son iguales ante la muerte, y porque lo que verdaderamente importa es la naturaleza, no los hombres. 

Además en la Loma del Olmo hay un Jardín de la Memoria, donde descansan las cenizas anónimas y donde se colocan flores y velas para recordar a todos los difuntos. En este vídeo podéis ver lo especial que es el Día de Todos los Difuntos:


Este cementerio alberga a más de 100.000 personas, más todas las que reposan anónimamente, y su construcción se realizó en un momento especialmente difícil en el que había numerosos desempleados, dando trabajo a una gran cantidad de ellos. (¿Podíamos hacer nosotros algo así o qué? Porque lomas de la meditación es Castilla tenemos unas cuantas...y desempleados mejor ni hablamos). Tenéis más info del sitio aquí.


Como os he contado al principio es Patrimonio de la Humanidad, por su especial relación con la naturaleza, y está abierto durante todo el año. Tiene centro de Visitantes y el Dia de Todos los Santos cuenta con un importante número de trabajadores que ayudan a encontrar las tumbas de los seres queridos. (Cuando consiga visitarlo será ese día, y os lo contaré con detalles, of course!)

Espero que os haya gustado este cementerio tan especial y contadme cuales son los vuestros. Estoy deseando ampliar el tema.

Y como hemos empezado con cine, qué mejor que la intro de A dos metros bajo tierra; aquella serie fantástica que nos introdujo, o nos recordó, un tema tan delicado. Una serie extraordinaria con la mejor secuencia final de todas las que he visto hasta ahora.

Con esta cabecera me quedaba siempre pensando, por una parte, que qué valor tenía Alan Ball para poner su nombre en una lápida...y por otra, por qué se entierra a los muerto a 6 feet que es, precisamente, lo que mido yo....que inquietudes...