domingo, 7 de enero de 2018

Navidades made in UK (II)

Además de los especiales de los que os hablé en el post anterior, estas Navidades estábamos esperando dos grandes adaptaciones en la BBC: Little Women (Mujercitas) y The Miniaturist.

La primera, Little Women, es una miniserie de tres episodios, que se emitieron entre el 26 y el 28 de diciembre.

Aunque prometía ser una puesta al día de la versión que todos recordamos, la de 1994 con Winona Ryder y Susan Sarandon, se quedó en entretenimiento ¿familiar? para días ociosos.

A ver, si a lo mejor el cartel ya nos lo advertía; tan blancas, tan floridas y tan vestidas en tonos pasteles.

Quizá el origen del problema sea la propia historia; la novela, publicada en 1868, cuenta la historia de Meg, Jo, Beth y Amy: cuatro jóvenes que se hacen mujeres durante la época de la Guerra Civil de los Estados Unidos. 

¿Y qué significaba hacerse mujer? Pues casarse, claro, y entrar en la espiral de sufrir-estar bonita, y ser dulce, y refinada y, por supuesto, como son clase media, ser caritativo con los vecinos. No solidarios: caritativos. Que cuente y que se reconozca la ayuda como una virtud del alma.

Recuerdo que solo el personaje de Jo, que parecía que se salía de los cánones, que quería ser escritora ¡y se cortaba el pelo! nos daba un poco de interés a la historia...

Pues en esta adaptación tampoco esto. Porque termina con un alegato a favor de los niños (y no de las niñas) que no solo no entendí, sino que me dejó estupefacta.

Creo que lo único que me gustó es que las actrices ya no aparezcan tan hiper maquilladas y se empiece a poder ver un tipo de piel más imperfecta, con manchas y pecas. Pero si esto es todo...

No sé, creo que este tipo de cine es solo para cuando eres muy niña (y no te pispas) o muy conservador en espíritu. Pero, en nuestro siglo, creo que estas historias sobran por completo. 

Lo estrenará Telecinco en España. Digamos que, después de verla, entiendo mejor porque la ha comprado esta cadena y no otra.



La segunda serie destacada y, también, muy esperada (y publicitada) fue The Miniaturist, con dos capítulos.

Aquí os tengo que contar, desde mi propia ignorancia, que está basada en la novela del mismo título publicada en 2014 por Jessie Burton. Por lo visto es un best seller  publicado en España con el título  "La casa de las miniaturas"(lo siento, pero no consumo) que ganó varios premios; de ahí mi sorpresa.

Porque lo que vi en la televisión, sin saber si era adaptación o guion original, fue un despliegue artístico y de fotografía espectacular -en muchas ocasiones un magnífico cuadro viviente- pero una historia sin desarrollo de personajes, con un argumento flojo y una total desunión narrativa.

Vamos, lo que viene siendo un ¿qué me estás contando? Pero literal: ¿qué nos quiere contar con esto?

La historia empieza así: Petronella Oortman, una joven de 18 años, se casa con el rico Johannes Brandt, y se marcha a vivir en la casa que este tiene en la zona más rica de Amsterdam. De su mano vamos descubriendo la ciudad del siglo XVII y sus prósperos comerciantes.

Como regalo de bodas recibirá una casa de muñecas. Esto merece un inciso.

Las casas de muñecas de la sociedad neerlandesa del XVII son unos objetos muy interesantes, que se pueden observar en el Rijksmueum de Amsterdam, entre ellas, la que aparece en la serie. Su interés residen en que no son un juguete: es la representación exacta de la casa familiar, una copia del bien más preciado de los burgueses de la época: su casa y su contenido.

Son objetos de gran tamaño, con un realismo magnético, que tienen un halo muy misterioso.

Este carácter de misterio es lo que aprovecha la autora de la novela, sugiriéndonos que la casa de muñecas es entre un objeto profético y uno de magia negra. Un poco fantasioso, pero vale, muy novelesco.

La casa de muñecas funciona; las secuencias, visualmente, son auténticas obras de arte. En muchas ocasiones no tienes claro si la imagen corresponde a la casa de muñecas, a la casa real o a un cuadro holandés del siglo XVII. 

Los bodegones, sublimes. Imágenes que cobran vida con colores y brillos perfectos. Hasta aquí, el sueño de cualquier historiador (del arte).

A partir de ahí, no entiendo la simpleza del argumento. No os cuento mucho para que os sorprenda (¿?) o por si le encontráis el sentido, pero para mí es una historia corriente narrada con personajes sin chispa.

Quiere ser una Joven de la Perla, pero claro, allí la historia era pictórica. Aquí se necesita algo más que una imagen para que la trama avance.

Cuando terminé el segundo capítulo pensé, en este orden; a) que me faltaba otro por ver; b) que habían suspendido la serie antes de tiempo o c) que habían dado el corte y que el guionista no se esforzó mucho. De ahí mi cara de sorpresa al saber que está basada en una novela, que en principio, se les presupone más tiempo para escribir.

Yo os la dejo a vosotros. A mí, argumentalmente, todo se me hizo raro raro. Culturalmente, como reflejo de una época, si me gustó, y seguro que es la típica serie que se utilizará en fragmentos para explicar en el colegio la historia del arte.

Me quedo, como curiosidad, una frase que dice la cuñada de la protagonista cuando llega a su habitación en la lujosa casa de Amsterdam: no cierres las cortinas, que los vecinos te vean.

Fui Erasmus en Amsterdam y hubo muchas cuestiones culturales que despertaron mi curiosidad, entre ellas, los grandes ventanales (bien) sin cortinas (muy mal) ni persianas.

Quizá era el pasado hispanomusulmán el que no entendía ese mostrar tu casa, pero era un tema que me creaba un gran malestar; para mí es como una tortura.

Por supuesto, en mi inocencia de B1 pregunté a mis amigos neerlandeses si ellos no encontraban raro el no contar con intimidad en el hogar. Y ellos, con la misma inocencia, me dijeron que un holandés nunca se atrevería a mirar a través de los cristales de otra casa.

Ahora, que los dos sabemos un poco mejor cómo funciona el mundo, nos reímos de esta ocurrencia. Claro que se mira, y claro que el de dentro hace un despliegue (un cuadro, un bodegón) para que veas todo lo que tiene.

Hasta los he visto perfectamente vestidos, sentados en el sillón, con su periódico, representando el papel a la perfección para los ojos indiscretos que miran.

Estas curiosidades y diferencias culturales son el disfrute de la serie. Bueno, para mi es el origen del disfrute de viajar; esa media sonrisa que te traes de recuerdo. ¡Cómo es la gente! (Pero de esto ya hablaremos otro día).

Pero, por favor, si descubrís el sentido de la historia, contadme, que no me llega la epifanía (ni viéndola en seis de enero).








jueves, 28 de diciembre de 2017

Navidades made in UK (I)

Hace ya tres años hablaba de los capítulos especiales de Navidad en la parrilla de Reino Unido. Pasa el tiempo y no se nota, ya que nosotros seguimos con los Rafaeles, Alboranes y los programas de cantantes (denunciados por sexismo): Atapuerca evoluciona a más velocidad que nuestra televisión (pública).

Mientras, en Reino Unido, existe la tradición de emitir un especial de Navidad de las mejores series, que -como bien sabéis- no es un simple remix sino un capítulo más, donde en ocasiones pasan eventos trascendentales en la trama.

Os cuento mis favoritos, tanto capítulos especiales como las mini-series emitidas, para que llevéis lo mejor posible la inminente cuesta de enero.

Upstart Crow, una comedia brillante sobre Wiliam Shakespeare llena de guiños contemporáneos, ha tenido un divertidísimo especial, emitido el 25 de diciembre, con cenit en el momento en el que abren los regalos y la esposa se queda atónita al recibir una caja con poemas y no el collar que había descubierto en el abrigo de William. Mismos diálogos que en Love Actually y misma banda sonora, aunque interpretada con laúd. Hilarante.

Los quejidos constantes respecto al transporte público son ya un monólogo clásico de la televisión, y la crítica constante al sexismo (¿de la época?) son un claro ejemplo de lo audaz del guión y la inteligencia del programa.

Los capítulos duran solo 20 minutos, a excepción del especial navideño, así que si no conocéis la serie corred a por uno de los grandes descubrimientos del país vecino.

Victoria es otra serie que comenzó el año pasado y que este ha apostado también por realizar un
especial de Navidad de mayor duración que un capítulo normal.

Aunque la serie es mucho menos interesante, ya que es un cuento romántico en el que nos cuenta el amor eterno de la Reina Victoria por su marido el Príncipe Alberto (spoiler alert: murió joven y ella quedó desdichada para siempre), históricamente es reveladora puesto que no somos consciente de cuánto de victoriano tienen muchas de nuestras costumbres.

Si las bodas actuales siguen aún el patrón de la ceremonia de la Reina Victoria (entre otros, su elección del blanco para la ceremonia), no se puede decir menos de las costumbres navideñas "de toda la vida", costumbres que se deben, ni más ni menos, que al Príncipe Alberto.

Así que solo por asistir al nacimiento de la tradición de colocar un árbol en nuestras casas (y la reflexión interna que produce) merece la pena ver el capítulo especial.

Y es que, no, no pasa nada por cambiar los trajes a los Reyes Magos, ni por eliminar las ocas del desfile. No hay nada que sea "de toda la vida" sino modas que van y vienen. Y normalmente, van de arriba a abajo.

Por lo demás, azúcar puro el capítulo. Aviso.

Un especial que no os podéis perder, como siempre -pocas series hay con el nivel mantenido de esta- es el especial de Navidad de Call the midwife.

Call the midwife pasará como una de mis series favoritas de todos los tiempos, feminista y socialmente comprometida, pero sin hacer ruido, y su especial navideño no podía ser de otra manera.

La relación directa e íntima que establecían estas comadronas de barrios populares son el punto fundamental que nos permite entrar a las casas de los más desfavorecidos; descubrir sus relaciones de pareja, la crianza de sus hijos, la relación entre vecinas. Así, de cerca, en su mundo privado, es dónde vemos los casos de maltrato, el machismo constante, la indiferencia de las instituciones. No hace tanto, ni tampoco está tan superado.

Contado siempre con una sensibilidad poética, muy parecida a la reciente La librería, de Coixet, abre los ojos al que no quiere ver, a la vez que nos muestra también lo mejor del ser humano; su resilencia, su coraje, su valor.



Y esto solo ha sido el primer adelanto. En breve más. Entre ellos la miniserie de Mujercitas que está emitiendo la BBC y que emitirá en España (presumiblemente) Telecinco. Stay tuned!



jueves, 7 de diciembre de 2017

The Marvelous Mrs. Maisel

No todo el mundo sabe que con Amazon Prime tienes acceso a su catálogo de series a la carta a través de Prime Video, y, mucho menos, que entre ellas tiene algunas obras maestras como la recientemente estrenada The Marvelous Mrs. Maisel.

Mrs. Maisel viene a contestar qué pasó con aquellas brillantes alumnas que estudiaban en Wellesley en «La sonrisa de Mona Lisa». ¿Qué hicieron tras graduarse con honores en la misticidad femenina?

Bien, lo consiguieron todo: una formación, un cuerpo fantástico gracias a la gimnasia perenne; un marido, dos hijos (niño y niña, por supuesto), un guardarropa de ensueño y, sobre todo, mantener ese ideal de mujer sin que los demás, y especialmente su marido, se dieran cuenta del trabajo que lleva. Todo ocurre como algo natural, fluido. Que nadie sospeche que hay un gran esfuerzo (y sacrificio) detrás.

Bien, pues cuando has conseguido todo, ¡hasta una boda perfecta que organizas tú misma! ¡Cuando eres un icono de los años 50 hecha mujer! ¿Qué ocurre cuando la perfección no es suficiente? Te han dado unas normas, unas planillas de ejercicios, unos modelos constantes para perpetuar este rol. Lo has hecho todo. Lo has conseguido todo. ¿Y aun así, tu marido te deja?

En serio. Tenemos a una protagonista que espera, pacientemente, peinada y con barra de labios (un símbolo de este periodo, que compran de tres en tres), en la cama, junto a su marido, a que este se duerma para ir a quitarse, en secreto, el maquillaje y las pestañas postizas; a ponerse los rulos y embadurnarse de crema. Y así, de todo menos cómoda, irse a la cama y dormir tal Tutankamon para despertarse antes de que suene el despertador, ir al baño, maquillarse, peinarse, y volver a la cama. Y fingir, cuando suena el despertador, que no lo ha oído ¡oh sorpresa! Ya que las mujeres, por supuesto, están así de divinas cuando se despiertan en la mañana.

Y este es el arranque de la serie donde la protagonista, Maisel, ha estado acompañando y animando la otra carrera de su marido, la “creativa”, como humorista en el Village. Porque también jugaban a hacerse los modernos, a ir con sus jerséis de cuello vuelto de color negro a clubes alternativos donde él hacía monólogos y ella tomaba notas para que mejorara en sus actuaciones. Y aplaudía. Como una auténtica fan de su hombre.

Pero resulta que su marido no solo es un fraude como pareja sino, y quizá más grave, como monologuista, ya que descubre que su actuación es robada. ¡Lo hacen todos, le dice!

Y aquí empieza su verdadero camino como individuo. Conociendo a otras mujeres, otras realidades. Saliendo poco a poco de esos apartamentos de ocho habitaciones de la parte alta de Manhattan. Y descubriendo, también, que la que tenía algo que decir, y de manera divertida, era ella.

A partir de ese momento irán apareciendo fantásticas secundarias, formando entra todas un tejido de mujeres que evidencian la diversidad que había tras la artificial imagen de ama de casa de los años cincuenta y también como, tras la aparente calma del agua estancada, surgía una corriente subterránea que terminará por emerger en los años sesenta.

Tras esta genialidad ­̶ entretenida, inteligente, divertida̶̶  está Amy Sherman-Palladino, una escritora con un estilo rápido y audaz, mordaz como la propia protagonista cuando se sube a un escenario, conocida por Rosanne y las Chicas Gilmore, que nos regala una magnífica madurez creativa.

Amazon ha comprado ya las dos primeras temporadas.

La versión resumida de la serie dirá que es la historia de un ama de casa que decide hacerse monologuista.

Ni es solo un ama de casa ni decide solo hacerse monologuista. Es una mujer que por fin pone en valor todas sus destrezas, innatas y aprendidas, a la vez que deja esa niñez impuesta por una sociedad podrida en sus cimientos.

Y este, el de convertirse en Mujer, es un viaje fascinante.


Os la recomiendo sin duda. 


miércoles, 29 de noviembre de 2017

KNIGHTFALL ¿la caída de los templarios o de HBO?

El 6 de diciembre se estrena Knightfall, la tan esperada aventura épica sobre los cruzados de History Channel que emitirá HBO y que parece llamada a acunar los corazones de los que en estas Navidades echen de menos Juego de Tronos.

Pude acudir al preesteno en España, donde acudió su protagonista Tom Cullen, y, la verdad es que me dejó sentimientos encontrados.

La serie nos narrará la caída de los templarios desde la caída de Acre en 1291, momento en el que arranca la serie, hasta (presumiblemente) su disolución el 13 de octubre de 1307. Viernes, por cierto, y origen de la leyenda de la mala suerte de esta fecha.

En principio, sin ver nada, la historia se presenta muy atrayente: caballeros, uniformes con halo romántico, espadas, batallas y nobles corazones. La Edad Media más idealizada y fantasiosa.

Al arrancar es inevitable pensar, en primer lugar, que se nota que History Channel no necesita un buen piloto para vender la serie: el primer capítulo, como fue el de Vikingos, es un tanto mediocre y muy muy introductorio.

La batalla de Acre es muy decepcionante, ya que las maquetas se hacen tan evidentes que dudas si estás viendo una gran producción o una de esas películas... Los personajes, maniqueos y sin fuerza. 

Algo está mal cuando se reúnen con el representante del Sultán y la historia que quieres ver es la de los musulmanes: qué interesante, qué ropajes, ¿saldrá qué ocurre desde ese lado y podremos comparar las culturas? ¿Y por qué luchan ellos?

No.

Decepción.

Así que nos quedamos solamente con la otra parte de la historia: la del hombre, blanco, cristiano, miembro de un “club” (de ricos, los templarios) que se dedica a prestar dinero, hacerse rico y a matar musulmanes. (¿?)

Como os imagináis, a estas alturas, la historia me pareció bastante inadecuada y arcaica en el peor de los sentidos. No sé qué pretende History Channel; igual este es el comienzo y dará giros poco a poco hacia la alianza de civilizaciones o, simplemente, a mostrar la complejidad que la época tuvo.

Veremos.

Pero me temo también que siga la estela de «El Código Da Vinci» de Dan Brown y sus secuaces. Empezando por asumir el dogma de fe de que el Santo Grial existió. Físicamente. Y que se luchan por símbolos y creencias y no por aprovechar oportunidades, acumular poder y riquezas. Un poco infantil para el público de HBO.

Algunos personajes secundarios seducen a la cámara y otros protagonistas son absorbidos por los estereotipos.  El Papa Bonifacio VIII (Jim Carter) está genial, además ¡nos alegra que el mayordomo de Downton Abbey haya ascendido!

En cambio, otros, como Guillermo de Nogaret (Julian Ovenden), personaje histórico con gran relevancia en la trama por venir, pasa por completo desapercibido y no suscita el más mínimo interés.

Para el resto de los actores creo, simplemente, que los papeles les han llegado demasiado pronto, y no ayuda a darle credibilidad a la trama.

El protagonista Landry, el caballero templario, está interpretado por Tom Cullen, que contaba con 31 años cuando se rodaron los capítulos. Y se nota. Físicamente tiene fuerza, pero le falta solera: nos contraponen el presente con 15 años atrás, cuando sucedió el asedio de Acre y lucho ferozmente con… ¿16 años?

Lo mismo ocurre con Juana de Navarra, madre de una adolescente Isabel, interpretada por Olivia Ross con ¿29 años? ¿Y hace de madura sexy que impone su voluntad de forma velada?

Creo que si se hubiera hecho la serie, por ejemplo, siete años más tarde hubiera beneficiado a todos, tanto a los actores y a su presencia, aportando verosimilitud y fuerza a los personajes, como al guion, que adolece de simpleza y de conocimiento superficial de la historia.

Y es que en el segundo capítulo la princesa Isabel grita a los cuatro vientos que quiere casarse y ser reina ¿de Cataluña? Este “detalle” no solo provocó la risa generalizada en la sala, si no que, a los historiadores presentes en la sala, nos ha hecho ponernos a la defensiva y desconfiar, por norma, de todo lo que se cuente. ¿Es este el rigor de una serie “histórica” de un millón de euros?

Por cierto, History Channel, qué pasa con la cabecera ¿no hay? ¿Falta esa obra de arte de síntesis cinematográfica que es la entradilla audiovisual? ¿No la tienen lista? La cabecera de Isabel es insuperable, pero hay que intentar con alguna que se la parezca. De nada.

En definitiva, estos dos primeros capítulos fueron un disparate; entretenido, violento y con sexo gratuito, pero inconexo y un tanto improvisado, que no sabemos cómo van a evolucionar. Al final del segundo se vislumbra un cambio de ritmo y empezamos a preguntarnos cosas, pero ni es Vikingos, ni El Ministerio del Tiempo, ni Los Borgia, producción, por cierto, de la que ha aprovechado parte del decorado en sus estudios en Praga. 

Seguiré la serie, la curiosidad de ver cómo salen de este embrollo es demasiado grande. Aunque al mismo tiempo temo que se quede en esta visión de la historia fragmentada, distorsionada y simplificada, que poco puede aportar si no la simplificación de nuestro propio pensamiento.


Espero que la calidad de los guionistas me sorprenda.



Plus de cotilleo: en el IMDb de Tom Cullen pone que mide 1,85cm. Solo puedo decir que hemosido engañados. 

domingo, 24 de abril de 2016

Underground

Cada vez me cuesta más recomendar series. Seamos sinceros, la mayoría o son basura o puro divertimento: repeticiones eternas a partir de una melodía que en un momento funcionaron. Un eterno lieder. Bueno, sin la poesía.

El año pasado apenas UnReal y el Ministerio del Tiempo tuvieron la calidad y la originalidad necesaria para ser reseñadas. Series que tras verlas, muchos meses después, siguen dando vueltas en tu cabeza. Algún capítulo hasta en tu corazón.

Este año, éste, es el año de Underground. Por supuesto una serie casi desconocida, que cuenta, ahora mismo, con un solo voto en Filmaffinity. El mío. Pero es una serie al nivel del film La caza de Vinterberg; ese tipo de historias al que das vueltas y vueltas. Que meses después, de repente, te vuelve a rondar. A acongojar. A despertar dudas.

Y es que Underground es la historia de un grupo de esclavos que escapan de una plantación de Georgia para conseguir la libertad. Para ello tendrán que concluir con un recorrido de casi 1000 kilómetros: la Underground Railroad.

La ruta Underground fue una ruta de escape formada por rutas secretas y casas seguras utilizada en el siglo XIX por los esclavos que querían llegar a los estados del Norte y a Canadá para conseguir su libertad. Se estima que en los años más utilizado hasta 1000 esclavos al año habían utilizaban esta ruta, donde recibían ayuda de abolicionistas negros, blancos e indios americanos (como veremos en la serie).

Con dos capítulos iniciales un tanto melodramáticos, y no por ello menos ciertos, llegaremos a entender, o no, porque todo el mundo es libre y nadie puede decir lo contrario. Y punto.

Vemos la diferencia entre los que viven en la "casa grande" a los que trabajan en los campos de algodón:

Quizá lo primero es más cómodo, pero la vida constante como sirviente tiene sus peculiaridades; pasando siempre por tus narices los lujos, escuchando conversaciones donde se habla de los tuyos como animales...no puedo sino pensar en todas esas mujeres que durante el siglo XX venían a Madrid (y otras ciudades) a servir. Historias reales de cómo a las criadas les daban un huevo de oca para las tres: esa era toda la cena. O como, cuando tenían una "buena" señora les dejaban llevarse las migas de mesa.

Por otro lado, los menos "mulatos", los menos refinados o habilidosos que trabajan en los campos de algodón. Donde reciben latigazos si no llegan a (su) mínimo. Pero a la vez, gracias a vivir a parte, lejos de la casa de los blancos, pueden tener sus propias tradiciones, relaciones; un pedacito de vida propia. (También de esto hemos sabemos en los campos de nuestro país. Aún hay abuelos que al empleador le llama amo. ¡Amo!. La mía, por ejemplo).

Pero no nos engañemos. Pronto nos dejan claro dos cosas:

- Estos hombre y mujeres son esclavos porque han nacido a un lado de una línea. Como los sirios. A un lado sí, a otro lado no. A un lado son una pertenencia, sin posibilidad de poseer nada; ni sus propios hijos. Y al otro serían libre; con posibilidad de tener una mujer, un marido, unos hijos. Una vida.

- No hay grandes reflexiones filosóficas. Son esclavos, y lo serán, por mucha ética que exista, porque es un sistema productivo basado en el trabajo con mano de obra barata, aquí la esclava. Ganan dinero así, lo máximo. Y piensen lo que piensen siempre querrán ganar dinero. Cueste lo que cueste (a los demás). Si tienen esclavos es porque pueden. Porque quieren. (Esto también nos suena aunque la esclavitud moderna sea económica, y en vez de esclavos los llamemos trabajadores pobres). Un sistema montado para la extrema riqueza de unos pocos.

La serie es apabullante. Cada capítulo es más y más interesante, contándonos cosas sorprendentes, narrándonos esos detalles de la historia que no sabemos, o que no queremos saber. Como los esclavos son menos que animales, pero para un polvete nos sirven. O como separamos familias por mero interés económico. Como sangran las manos y se tiñe el algodón de los campos. De qué color es el agua que beben. A qué penas se arriesgaban aquellos, blancos o negros, que les ayudaban en su huida. Quien elegía trabajar como caza-esclavos. Como se mandaban pistas a través de las canciones. Como conocer o no qué es la estrella polar te puede dar la clave de hacia a dónde huir...

Como estas, mil cosas. Con cada capítulo la historia gana en intensidad y las ganas de saber todos los detalles. Hay tanto que aprender. O por lo menos, yo, mujer blanca europea tengo taaanto que aprender de este momento de la historia que casi todo es sorprendente.

El elenco de actores es bueno, los capítulos están bien narrados, los exteriores son impresionantes. Técnicamente la serie es de calidad, pero me temo que, al estilo de Tremé que en Europa vimos cuatro locos, pasará desapercibida.

Yo, humildemente, espero a contribuir a que no se os pase por alto. No os engaño; no es una serie para echarse una risas. Bueno, supongo que si eres un psicópata o un racista (que están a la par). No, si eres racista ve y observa. Intenta empatizar. No me puedo creer que puedas ser indiferente al sufrimiento de otro ser humano. Quiero creer que es pura ignorancia.

Y aprende. Nos está pasando de nuevo. Tenemos a miles y miles de seres humanos recorriendo miles de kilómetros en busca de la libertad. No por ser de un color diferente a la mayoría en ese territorio; es por crecer en el lado equivocado. En la clase social equivocada.

No dejéis de verla.


P.D. En la actualidad la esclavitud se considera un crimen contra la humanidad. Nunca ha existido un número tan alto de esclavos como en nuestro siglo. 




domingo, 14 de febrero de 2016

Dios es el arte


Llevo mas de tres meses sin actualizar este blog. No ha sido por falta de ganas. Y si por la complejidad del tema. Porque, como contaros que, siendo atea, he descubierto a Dios­­ ¿?

Y, sobre todo, como  contar que ¿Dios es arte, y el arte es Dios?

Y todo empieza, como es de esperar, en el principio. En el principio del camino. Del Camino a Santiago, claro. En ese camino que sigue al sol y a las estrellas. Ese camino que el hombre comienza al este, en su juventud, en su inexperiencia, y que sigue la vía láctea hacia su ocaso, su declive: hacia el oeste. Y, siendo tan antropocéntricos, por supuesto, hacia nuestro fin; que siempre lo  interpretaremos como el fin del mundo.

Y  es que el Camino a Santiago, camino místico y Calle mayor de Europa, acumula la energía de millones de personas que desde la Edad Media pisan y configuran sus surcos. Miles de sueños, de palabras, de lágrimas que dejaron su impronta a lo largo de los siglos.

Supongo que también, a lo largo de  su historia, miles de peregrinos han encontrado a Dios, como yo lo hice, entre estas huellas. Personas fatigadas, doloridas, arrastradas por el simple impulso de ir hacia delante. De poner un pie delante de otro dejándose llevar por el destino.

Y es que, como pude comprobar, para encontrar a Dios es fundamental estar cansado. Muy cansado. Dolorosamente cansado.

Y es que este agotamiento te vacía la mente de manera asombrosa. Llegar a sentir el cuerpo en toda su molesta pesadez para llegar a un momento en el que, simplemente, ya no está ahí. Necesitas volverte todo mente para que el dolor no te arrastre. Es un tipo de meditación a través del ejercicio moderado pero constante.

Obviamente te libera de muchas cosas. Cuando una ampolla duele en toda su “grandeza”, ni piensas en exámenes ni en discusiones con parejas. Ni en nada. La energía es limitada. La fuerza también. Y no la vas a malgastar en nada que venga de más atrás o que sobrepase los 10 minutos más inmediatos.

El silencio es otro de los requisitos para encontrar a Dios. No por nada dicen que el verdadero peregrino camina en silencio. Bueno, las pocas ganas que te quedan de conversación intrascendente debe de influir un poco, pero vamos a su aspecto más metafísico.

Y es que el silencio es fundamental para poder disfrutar de la propia naturaleza. No solo en su aspecto más obvio –el sonoro-, sino que se necesita de la concentración que otorga el silencio para poder disfrutar de los otros sentidos: de las magníficas vistas, de los colores, de las miradas de otros animales, de los olores de flores y árboles.

En mi caso fue fundamental para apreciar la compañía inesperada de ciertos animales: al comenzar fueron los cuervos los que me acompañaron durante varias jornadas. Pasito a pasito, poste a poste, siempre estaban a mi vera.

Durante dos días fueron las mariposas: no se cansaron de revolotear alrededor de mi, de manera sorprendente.

Luego vino la inesperada visita de tres caballos: bajaron al galope desde la lejanía, tan deprisa que temí que saltaran el cercado. Se pararon justo a la linde, mirándome fijamente durante 2 minutos. Después se dieron la vuelta y deshicieron su camino de nuevo hasta que los perdí de vista.

Y durante mis días cruzando los tenebrosos bosques gallegos –donde desde temprano había gente a su entrada esperando a otro peregrino para cruzar acompañados– un petirrojo me acompañó la mayor parte del tiempo mostrándome el camino.

Y  tras el cansancio, el silencio y la compañía de los animales llega, inevitablemente, el deseo de estar con otros humanos. En esos ratillos en los que reconoces a los tuyos: los que hablan tu idioma. Vamos, mamíferos que vocalizan y articulan palabras y que piensan y viven como tú.

Y este es el cóctel explosivo que te predispone, o, en realidad, la mezcla perfecta necesaria para encontrar a Dios.

Y en mi caso esta revelación se dio en Rabanal del Camino; una aldea con una energía especial que se nota nada más llegar.

Es sorprendente ver, a lo largo del Camino, que hay pueblos de perros y pueblos de gatos. Una cosa muy extraña. Pero el animal que recibe al peregrino a la entrada te da muchas pistas de lo que te vas a encontrar.

Y aunque me encontré perros simpatiquísimos y conviviendo en armonía con otros animales, entre ellos gatos, siempre los pueblos genuinamente felinos fueron los más misteriosos.

Rabanal es un pueblo de gatos. Mayoritariamente. O al menos a mí me recibieron. Y un perro adorable al que le faltaba una patita, bien lustroso.

En él todo discurre a lo largo de calle mayor y de la abadía benedictina de San Salvador del Monte Irago. Estos monjes, apenas seis, llevan a cabo una de las reuniones más especiales de todo el Camino.
Y es que, al caer la noche, convocan a los peregrinos –diría que los único feligreses de la zona- independientemente de su país o religión, a reunirse y, simplemente, cantar gregoriano.

En esta liturgia, Vísperas, celebrada en una antigua iglesia de origen románico despojada de todo adorno (y falta de reparaciones básicas), cantando al unísono gracias al libreto que nos facilitaron los monjes en cinco idiomas, con la lengua común europea que fue el latín; en penumbra, en recogimiento, bajo grietas en la bóveda y en ropa de deporte…ahí, justo ahí, descubrí a Dios.

Y todavía es más importante que, en ese mismo momento, también supe, con claridad, qué es Dios.

Y es que Dios es el arte.

Y me sentí orgullosa.

Como historiadora del arte.

Y como humanista.

Porque ese éxtasis, esa sensación tan especial; esa energía eléctrica que hacia brotar lágrimas a borbotones; ese salir del cuerpo y flotar, ese sentirse parte de un colectivo. Sentirse acompañado. Ser acompañado. Ser. Todo eso, y más, se lograba a través del arte. Es fruto del arte. La manifestación suprema del ser humano. La materialización de nuestro pensar más abstracto, de las matemáticas, de los impulsos cerebrales más básicos.

Y es que si quieres descubrir que decimos cuando hablamos de obra de arte total, haz el Camino.

Esa era la obra de arte total. Eso que a veces llamamos sentir la presencia de Dios. Eso es la combinación perfecta, en tiempo y forma, de arquitectura, pintura, escultura, lenguaje, olores, música, escenografía…

En ese momento el esfuerzo de tantos artistas cobraron forma y sentido.

Esa iglesia románica, en estado de semi-abandono, sufriente como nuestros cuerpos; pero armoniosa, con proporciones que favorecen el recogimiento. Con una oscuridad adecuada a un pueblo de montaña; a la luz del atardecer.

Con pinturas que acrecientan su geometría, el orden bajo los adornos. Con colores sencillos, austeros, como es el peregrino. Básicos. Andar hacia delante, pintar hacia delante. Sin más florituras.
El olor a cal, a humedad, a cueva. A refugio.

El frio de las paredes pero el calor de la congregación. El calor del abrigo. De nuestros abrigos. Allí no había ropas de domingo. Llevábamos hábitos como los monjes, que iban de negro. Sencillos, prácticos, nuestra segunda piel. Lo que somos sin más. Sin adornos. Sin afeites. Como los muros que nos cobijaban dela fría noche.

La música. ¡Ay, la música! Bello es sin dudar el cantar de los pájaros, pero las composiciones a las que ha llegado el ser humano son incomparables. Que felicidad la de volver a escuchar notas, y la voz grave del gregoriano. El arrullo de congéneres que cantan a la vez. ¡Qué placer!

Y el poder a través de la palabra.  Un arte que, a veces, olvidamos. No es lo mismo usar una que usar otra. No existen sinónimos. Su utilización, tanto escrita como hablada; su entonación, su cadencia. Es todo.
Y aquí hablamos en cinco idiomas y en latín. Cantamos y hablamos de sufrimiento, y de no rendirse. 

«Nosotros, los robustos, debemos cargar con los achaques de los endebles y no buscar lo que nos agrada […]». Romanos 15, 1-3

«Hermanos míos: teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna». Santiago 1, 2-4

No por nada dicen que la fe, como virtud, es la fuerza interior que te permite someterte a las situaciones más adversas, de necesaria aplicación en el camino de la sabiduría.

Supongo que yo encontré la fe. Y a Dios. Y después descubrí que es el arte. ¡Ay, el arte! Todavía no me han perdonado que con Matrícula de Honor me dedicara a estos derroteros. Pero, qué hay mas importante. Qué disciplina engloba igual a todas las demás. Qué es eso que nos influye en el día a día- a través de nuestro entorno, de los colores, de la ropa, de la música-. Lo que nos evade cuando estamos saturados y nos da fuerzas cuando no podemos más.

Puede que en el día a día lo ignoremos. Leemos un libro, decimos. Vamos a una visita guiada, dirán. Sin darse cuenta de la importancia que tienen las palabras; en los demás, en nosotros. En quien las piensa, quien las dice, y quien las escucha.
Parece que nos da igual ir por una calle limpia que sucia; cruzar un edificio u otro. Cruzar una carretera o un río. Vestir de rojo que de marrón. Llevar lavanda o argán.

El arte es todo. Todo es el arte. Es la manifestación mas completa de nuestra perfección e imperfección como seres vivos. Pero es sin duda, humano. Aunque a veces lo llamemos Dios.

No es síndrome de Stendhal, es mucho más. Ya lo experimenté de forma más focalizada con anterioridad; con el Marat asesinado de David, con el Pierrot de Watteau, La Joven de la Perla o la Victoria de Samotracia. Pero en todas las ocasiones fue en el entorno aséptico de un museo; y nunca antes en ropa de deporte y en chanclas con calcetines.

Donde no encontré a Dios, sin duda, fue en la Catedral de Santiago. Pero de eso, amigos, hablaremos otro día.

Hoy me quedaré con esta sensación de plenitud absoluta, de propósito, de sentido de la vida que es el arte. Cuatro letras minúsculas con sentido mayúsculo.

domingo, 25 de octubre de 2015

El Camino: a flower in the mountain

El Camino de Santiago es un camino milenario que durante siglos ha ido creando peregrinos por todo el mundo. Patrimonio de la Humanidad, Itinerario Cultural Europeo y Calle mayor de Europa, entre sus recovecos y ramificaciones el arte surge a borbotones invitando al disfrute y la reflexión. Si es común decir que existen dos tipos de personas: los que han sido Erasmus, y los que no,  también podemos hablar de los que han sido peregrinos del Camino y los que (aun) no.

Durante quince días he caminado, mayoritariamente sola y en silencio, por el Camino francés, disfrutando del otoño y del arte del Camino. Y es que este arte no es solo monasterios e iglesias, santuarios y ermitas: es también ese arte popular que te acompaña a cada paso. 


Un arte lleno de emoción, que se siente cercano y lleno de cariño. Son las cruces de madera que se dejan en las alambradas: los montículos de piedras sobre cualquier superficie. Las fotos, los altares improvisados. Los mensajes de ánimo y frases inspiradoras. Son los graffitis que te desean ¡Buen Camino!, que te dicen ¡Ultreia! y te recuerdan que seas tú mismo.




Este arte es hermoso. Te recuerdan los miles de pies que han pasado delante de ti: y te invita a dejar tu mensaje a los que vendrán detrás: "no te desanimes", "no te rindas", "un poco más". Y, sobre todo: "párate y disfruta".

Párate y disfruta porque el horror de las prisas también han llegado al Camino. Diez kilómetros más: es muy pronto para pararme...a veces se convierte en un entrenamiento en pista. ¡No! No me digas que has llegado demasiado temprano si no te has parado en el Monasterio de Samos; si no has recorrido sus claustros, su perímetro habitado por patos y gatos. Si no has bajado a visitar la ermita y su ciprés milenario.

Párate y disfruta. Disfruta de los tonos otoñales, tan parecidos a los de la roca: a los de la piedra tallada. Para y fíjate en los helechos, en las bayas: en las telarañas gigantes en un prado helado. En el color de las viñas. En la grandeza de las montañas.




Párate y escucha. Quítate los dichosos cascos que llenan tu vacío, que te aceleran. Escucha a las aves que te acompañaran durante el Camino. Cantan para ti: no las ignores. Escucha a los castaños: te advierten antes de tirar proyectiles puntiagudos: quien avisa, no es traidor. Escucha a los árboles en los días de viento: te cuentan cosas aunque no sepas su idioma.


Párate. Disfruta. No es una carrera. No hay una meta. Es un camino. Es el Camino. Canta si quieres. Silba. Rie o llora. Haz lo que quieras. Pero no enciendas el móvil, ni mires el GPS. Una flecha amarilla es todo lo que necesitas. A veces las ves, y otras las sientes.



Párate y disfruta. Y no te rindas, y no desesperes. El dolor también te dice que frenes. Vigila cada paso, y déjate llevar. No tengas miedo. Solo anda. Camina. Hacia delante. No hay más. 











jueves, 10 de septiembre de 2015

UnReal

Érase una vez un verano tan flojo tan flojo que apenas había series que nos ayudaran a pasar con cierto placer los 40 grados a la sombra. A lo mejor las nuevas temporadas de Rectify y Master of Sex, ambas mejores que las anteriores, nos han dado alguna alegría...

Pero entonces llegó ella. La super serie. El It. El Must. El super-discovery: UnReal (o como espero que la llamen en castellano: SuReal). Una serie de 10 capítulos que querrás verlos del tirón (si puedes). Estás avisado.



Y es que érase una vez un show llamado Everlasting ("eterno") donde jóvenes casaderas acuden en tropel para casarse con un fantástico soltero; un reconvertido Casanova. Rubio, guapo, rico...el auténtico Príncipe Encantador: porque hasta es británico y está emparentado con la familia real. Un amor.¿No?


Y que decir de las participantes: todas de su misma altura (sea la que sea), de su mismo peso (claro); guapísimas y peinadísimas desde que se levantan. Voluntariosas y luchando por su amor como si no hubiera más hombres en el planeta. Per-fec-tas.

Bueno, pues la serie no va sobre ellos. Noooo. En esta serie te cuentan porqué se monta un reality show como Everlasting (para ganar dinero, básicamente), como eligen a las concursantes (con la ayuda de una psicóloga) y como manipulan el día a día para conseguir la deseada audiencia. Brutal. 

¿Real? unReal, como dice el título. Y de ahí mi traducción al castellano: surreal. Esto es, por encima de la realidad. Es taaan real que te cuesta verlo maquillado tras la "otra realidad". Sobrepasa la realidad; y no por ello es falso. Al contrario. Es tan real que cuesta creérselo. Como humanos, simplemente, no nos podemos creer algo así. ¿Pero será cierto?

La protagonista en realidad es la Rachel Golbert (Shiri Appleby); una joven productora que se ve obligada a volver a trabajar en este tipo de televisión después de perderlo todo una "crisis nerviosa" sufrida en la anterior temporada del show. Delante de las cámaras, por supuesto. Como casi todo lo que ocurre en su vida. Y hace toda una declaración de intenciones al volver llevando la (ya famosa) camiseta: "This is what a feminist looks like".

Lo que veremos es cómo estas intenciones van mudando -o no- a lo largo del rodaje. Un rodaje en donde los productores son capaces de casi todo para conseguir suficiente metraje. Lo que sea para que Everlasting tenga tanta acción como Juego de Tronos. Por poner un ejemplo "movidito".

Por supuesto la serie está llena de grises y tampoco es todo tan sencillo como parece. Entre las críticas más recurrentes y compleja veremos el de la situación y el rol de la mujer: tanto dentro como fuera de la cámara. Y no sé que es peor: si las bimbos peleandose por el rubiales o las productoras y las becarias luchando (con reglas que no son las suyas) por un sitio en este negocio. Muy deprimente. Techo de cristal ¡allá vamos!

No cuento más porque el factor sorpresa en esta serie es importante, y además las reflexiones de este calibre deben realizarse a solas. Eso sí, es un melodrama mordaz, agresivo, certero y lacerante. Vamos, surreal. Totally unReal. ¡Suerte!




domingo, 5 de julio de 2015

El Pierrot de Watteau

Para sentir una obra de arte hay que verla en persona. Solo así puedes sentir la energía que emana de la pintura, de la mezcla de los pigmentos. Así te llegan las imperfecciones, los surcos de los pelos de las brochas. En persona sé si un pintor era un soñador, un artesano o un psicópata. Los cuadros vibran. Igual que una energía especial nos recorre cuando estamos enamorados sucede también  con el arte. Sin necesidad de ver. A lo mejor solo después de oler.

Hay cuadros que me han retorcido el alma de manera inesperada, como un flechazo. Porque con reproducciones puedes intuir que una obra es más o menos interesante -las paginas webs de los museos y los Konemann son el meetic de los historiadores-. Pero ¡ah! ingenuo de ti. Cuando menos te lo esperas; cansado y con la cara de abatimiento de turista triatleta...entonces...lo encuentras. El amor de tu vida.

Y lo sabes porque se te ha metido ya bajo la piel; se ha acomodado muy dentro, tan a gusto. Los pelos se te erizan al llegarte ese calambre energético tan especial. La primera vez, tan desconocido. Y sabes que es el amor de tu vida porque te acompañará siempre. Queriéndolo un poco más cada día, si es posible. Aprendiendo un poco más cada día, si eso puede ser.

Y aunque a veces lo olvides, y tengas otras cosas que hacer, y otros amores, de repente... lo recuerdas. Y te vuelves a enamorar. Y recuerdas esa primera vez que os encontrasteis; y como no eres la misma persona gracias a él, y como esperas que él, gracias a ti, tampoco sea lo mismo.

"[...] esto es amor, quien lo probó lo sabe."
             
                   Desmayarse, atraverse, estar furioso. Lope de Vega.

Grandes amores forman mi museo imaginante, y por extensión, mi vida. Obras que he conocido, como no, en grandes museos. Vaya lugar para enamorarse, ¿no?

De algunas, como de La joven de la perla o La Victoria de Samotracia, ya os he hablado anteriormente. Hoy me he acordado de mi gran amigo, y compinche de aventuras: Pierrot. Un gran amor.

A Pierrot lo conocí un día de febrero en el Louvre. Recuerdo que ese año el Sena estaba a punto de desbordarse. Hacía una tarde tan desapacible que los dos encontramos refugio en el Louvre; yo temporal, él sempiterno.

Pierrot mide un poquito más que yo, 1.84. Lo que viene a ser un buen mozo. Trabaja de actor en la Comedia del Arte; no en la del Tívoli de Copenhague, la última en vivo que queda en Europa; si no en una más antigua: en el siglo XVIII.

Pierrot viste de un blanco brillante; aunque la vestimenta no le queda bien. Grande por las mangas, corto por las perneras. Le entiendo. A los altos nos suele pasar. La ropa nos cae, simplemente, como puede. No está el mundo preparado para adaptarse a individualidades.

Pierrot te mira triste, desconcertado y melancólico. Se siente adherido como un cromo a un fondo que no es el suyo. Probablemente a un trabajo que no es el suyo. Como tantos. Como el burro que sujetan como una soga, que nos mira insistentemente como los caballos de La carga de los mamelucos de Goya. Sí, el también está atado por unos seres que nada entienden. Un lúcido entre locos. Un sabio como bestia de carga.

Y así nos mira Pierrot; esclavo de un mundo que nada entiende. Rodeado de gentes que no son si no atrezzo en una actuación insignificante. Pero qué puede hacer él con su consciencia. Qué puede hacer Watteau con esta obra, la última de su corta carrera, cuando le toman por un mero pintor de fiestas galantes; cuando le consideran un mero decorador; cuando muy pocos entienden la profundidad de sus temas y sus reflexiones.

Y al verlo, nos sentimos culpables y responsables de pasar por la vida de puntillas, sin prestar atención: sin Mírale a los ojos. Te lo está diciendo. Te está advirtiendo. Te está llamando. El personaje que se gana la vida haciendo reír es muy distinto en reposo. Él también es una marioneta, pero se ha dado cuenta. Se ha tomado un momento de calma y nada tiene sentido a su alrededor. Tragedia y comedia se unen ineludiblemente sin dejar disfrutar de ninguna de las dos.
mirarle a los ojos.

"La vida es una tragedia para los que sienten, y una comedia para los que piensan".
                           
                                                                                                          Jean de la Bruyere

Hasta las pinceladas son más básicas: esenciales. El color: puro. El blanco en grandes movimientos. Y poco más. Un bodegón con figuras. Arte abstracto en el siglo XVIII. En ese momento en que creemos que todo era frenesí y placer y sin embargo fue el inicio del mundo contemporáneo, de sus miserias y contradicciones: el rococó.

Este estático personaje aún tiene mucho que contarme. Todavía tiene mucho que contarte. Sigue esperando que escuchemos su silencio. 

¿Qué te dice a ti?




sábado, 4 de abril de 2015

El Ministerio del Tiempo

Aunque me encuentro «cerrada por oposiciones» tengo amigos muyyyyyyyy pesados que llevan ya varias semanas con el come come de que me vea El Ministerio del Tiempo. Y no es que me diera pereza per se, pero es que…tengo que estudiar, ¿no?

Pero al final, sabiendo que son lectores de este blog, pensé que seguro que me lo recomendaban con conocimiento de causa. Además, sé que no son muy de orgullo patrio a lo loco; así que decidí darle una oportunidad.

Y eso que el esfuerzo es doble porque, por un lado, no puedo dejar de pensar en Isabel y en su magnífica cabecera que ya he elegido como epitafio visual, y me parecía que irme con el marido (¡el Príncipe de Maquiavelo, ahí es nada!) era equivalente, por lo menos, a ponerle los cuernos. [¡Qué todavía no le he perdonado que le quitara la corona a su propia hija…ay, si le pillo!]

Y luego está el hecho de que no tengo tele. Desde hace 17 años. ¡Y tan feliz! No sé ni que detergente limpia más blanco, ni qué coche es el más molón, ni que perfume te hace más atrayente…ni falta que me hace. Probadlo: vives más feliz que una perdiz. La única utilidad que le veo a la televisión es tenerla enganchada a una videoconsola. Por lo demás…

Pero no tener tele es no haber visto nunca de nunca –ni un capítulo ni medio– ni Periodistas, ni Cuéntame, ni Un paso adelante…la última vez que tenía tele echaban Al salir de clase. Con eso os lo digo todo (¡Qué serie, si salieron todos de ahí!).

Total. Que decidirme a ver una serie española me lleva vencer la pereza del nivel de exigencia BBC…y a conectarme a rtve a la carta. Que está fenomenal, no sé si os habéis dado del pedazo de archivo que tenemos con esta web. Y no es que yo trabajara en sus textos en la fase inicial, que también; pero ya desde la versión en Beta me di cuenta del potencial de esta página. ¡Chapó! Si es que tenemos de todo, oiga. 

Así que decidí por ver un capítulo a ver qué tal…y me terminé los cuatro que había. Del tirón. Y no me arrepiento. Bueno, a lo mejor cuando salgan las notas de ese examen. Pero por ahora me alegro del descubrimiento.

Y es que, como muchos sabéis (porque los lunes por la noche está todo el mundo en casa) en el Ministerio del Tiempo se viaja a través de puertas para arreglar cosillas del pasado que puedan afectar al normal desarrollo de la historia. 

Vamos, lo que nos gusta: que viajan a lo largo de la historia vestidos y peinados a la época, conocen a gente como el Lazarillo de Tormes, Picasso y Lope de Vega, y de vez en cuando hay algún mamporro y amorío para amenizar. ¿A quién no le va a gustar?

Otra amiga me dijo que era copia de Doctor Who. Bueeeeeeeeeno. La fantasía de viajar entre distintas etapas históricas creo que es tan antigua como el mismo concepto de historia. El que más y el que menos ha soñado con viajar al Antiguo Egipto, o a la Edad Media (¡me lo pido!) o a los felices años 20. Así que, creo, que en esto, no es que sea copia o no; es que el tema es original solo hasta cierto punto.

Desde mi punto de vista lo que más destaca, y lo que más me gusta, son esas pullas, chascarrillos y chanzas que, por otra parte, tanto nos define como pueblo, ¿qué no?. Porque, el momento en que el actor Rodolfo Sancho da como nombre ficticio en una posada Curro Jimenez o dice que la reina Isabel I le suena «de algo»…la vida dentro del arte, sí señor. Ya que este actor(azo) empieza a tener carrera como para auto referenciarse…¿por qué no?

Aunque no son las únicas. También hay algún «zasca» con temas actuales, con tópicos…y algunas gracietas más elaboradas como descubrir –por fin– porqué Velázquez aparece en las Meninas con el escudo de la Orden de Santiago si aún no se la habían concedido. Dar explicación a esto…fue...de nota.

Y es que la serie está, realmente, muy bien rodada, y saca provecho a la herencia de tve, empezando por el magnífico vestuario de todas las épocas: si solo tienen que pedir por esa boquita. Utiliza también muchas localizaciones que, personalmente, es algo que agradezco; porque no puedo más con las series grasiosas rodadas solo en un edificio. ¡Qué tostón! ¡Salid a que os dé el aire!

Y tiririn tiririn, mi debilidad: tiene una cabecera muy buena. Sí señor. Y esto son palabras mayores. Es relativamente original, moderna, bien realizada, con una música (sin letras) muy adecuada: realmente sintetiza o presenta bien la serie. Un acierto de Natalia Montes y USER T38 (sus efectos especiales son los que han dado la calidad de altura internacional a la serie). Me gusta el nivel que están adquiriendo estas pequeñas obras de arte.



Y es que, las cabeceras, no hay que saltárselas nunca. Qué sé que viendo descargadas es muy fácil pasar este metraje. ¡Pero no! Una cabecera te prepara para lo que vas a ver. Es una ruptura para que dejes lo que estabas haciendo, lo que estabas pensando, y te centres. Una ventana que te ayuda a pasar de la realidad a un mundo de fantasía. Las transiciones son importantes. En la vida y en el cine.

Así que, dicho todo esto, espero que os guste esta serie que ya tiene asegurada una segunda temporada. Hasta donde se pueden asegurar las cosas en la cadena pública, claro. ¡Y no os pidáis a Velázquez que es mi personaje favorito! Me parto con él. Bueno, si os gusta otro más contadme, pero no me digáis que no es un puntazo que un retrato robot te lo haga un artista de su talla. ¿Helllooooo?