sábado, 4 de abril de 2015

El Ministerio del Tiempo

Aunque me encuentro «cerrada por oposiciones» tengo amigos muyyyyyyyy pesados que llevan ya varias semanas con el come come de que me vea El Ministerio del Tiempo. Y no es que me diera pereza per se, pero es que…tengo que estudiar, ¿no?

Pero al final, sabiendo que son lectores de este blog, pensé que seguro que me lo recomendaban con conocimiento de causa. Además, sé que no son muy de orgullo patrio a lo loco; así que decidí darle una oportunidad.

Y eso que el esfuerzo es doble porque, por un lado, no puedo dejar de pensar en Isabel y en su magnífica cabecera que ya he elegido como epitafio visual, y me parecía que irme con el marido (¡el Príncipe de Maquiavelo, ahí es nada!) era equivalente, por lo menos, a ponerle los cuernos. [¡Qué todavía no le he perdonado que le quitara la corona a su propia hija…ay, si le pillo!]

Y luego está el hecho de que no tengo tele. Desde hace 17 años. ¡Y tan feliz! No sé ni que detergente limpia más blanco, ni qué coche es el más molón, ni que perfume te hace más atrayente…ni falta que me hace. Probadlo: vives más feliz que una perdiz. La única utilidad que le veo a la televisión es tenerla enganchada a una videoconsola. Por lo demás…

Pero no tener tele es no haber visto nunca de nunca –ni un capítulo ni medio– ni Periodistas, ni Cuéntame, ni Un paso adelante…la última vez que tenía tele echaban Al salir de clase. Con eso os lo digo todo (¡Qué serie, si salieron todos de ahí!).

Total. Que decidirme a ver una serie española me lleva vencer la pereza del nivel de exigencia BBC…y a conectarme a rtve a la carta. Que está fenomenal, no sé si os habéis dado del pedazo de archivo que tenemos con esta web. Y no es que yo trabajara en sus textos en la fase inicial, que también; pero ya desde la versión en Beta me di cuenta del potencial de esta página. ¡Chapó! Si es que tenemos de todo, oiga. 

Así que decidí por ver un capítulo a ver qué tal…y me terminé los cuatro que había. Del tirón. Y no me arrepiento. Bueno, a lo mejor cuando salgan las notas de ese examen. Pero por ahora me alegro del descubrimiento.

Y es que, como muchos sabéis (porque los lunes por la noche está todo el mundo en casa) en el Ministerio del Tiempo se viaja a través de puertas para arreglar cosillas del pasado que puedan afectar al normal desarrollo de la historia. 

Vamos, lo que nos gusta: que viajan a lo largo de la historia vestidos y peinados a la época, conocen a gente como el Lazarillo de Tormes, Picasso y Lope de Vega, y de vez en cuando hay algún mamporro y amorío para amenizar. ¿A quién no le va a gustar?

Otra amiga me dijo que era copia de Doctor Who. Bueeeeeeeeeno. La fantasía de viajar entre distintas etapas históricas creo que es tan antigua como el mismo concepto de historia. El que más y el que menos ha soñado con viajar al Antiguo Egipto, o a la Edad Media (¡me lo pido!) o a los felices años 20. Así que, creo, que en esto, no es que sea copia o no; es que el tema es original solo hasta cierto punto.

Desde mi punto de vista lo que más destaca, y lo que más me gusta, son esas pullas, chascarrillos y chanzas que, por otra parte, tanto nos define como pueblo, ¿qué no?. Porque, el momento en que el actor Rodolfo Sancho da como nombre ficticio en una posada Curro Jimenez o dice que la reina Isabel I le suena «de algo»…la vida dentro del arte, sí señor. Ya que este actor(azo) empieza a tener carrera como para auto referenciarse…¿por qué no?

Aunque no son las únicas. También hay algún «zasca» con temas actuales, con tópicos…y algunas gracietas más elaboradas como descubrir –por fin– porqué Velázquez aparece en las Meninas con el escudo de la Orden de Santiago si aún no se la habían concedido. Dar explicación a esto…fue...de nota.

Y es que la serie está, realmente, muy bien rodada, y saca provecho a la herencia de tve, empezando por el magnífico vestuario de todas las épocas: si solo tienen que pedir por esa boquita. Utiliza también muchas localizaciones que, personalmente, es algo que agradezco; porque no puedo más con las series grasiosas rodadas solo en un edificio. ¡Qué tostón! ¡Salid a que os dé el aire!

Y tiririn tiririn, mi debilidad: tiene una cabecera muy buena. Sí señor. Y esto son palabras mayores. Es relativamente original, moderna, bien realizada, con una música (sin letras) muy adecuada: realmente sintetiza o presenta bien la serie. Un acierto de Natalia Montes y USER T38 (sus efectos especiales son los que han dado la calidad de altura internacional a la serie). Me gusta el nivel que están adquiriendo estas pequeñas obras de arte.



Y es que, las cabeceras, no hay que saltárselas nunca. Qué sé que viendo descargadas es muy fácil pasar este metraje. ¡Pero no! Una cabecera te prepara para lo que vas a ver. Es una ruptura para que dejes lo que estabas haciendo, lo que estabas pensando, y te centres. Una ventana que te ayuda a pasar de la realidad a un mundo de fantasía. Las transiciones son importantes. En la vida y en el cine.

Así que, dicho todo esto, espero que os guste esta serie que ya tiene asegurada una segunda temporada. Hasta donde se pueden asegurar las cosas en la cadena pública, claro. ¡Y no os pidáis a Velázquez que es mi personaje favorito! Me parto con él. Bueno, si os gusta otro más contadme, pero no me digáis que no es un puntazo que un retrato robot te lo haga un artista de su talla. ¿Helllooooo?

jueves, 5 de febrero de 2015

The Librarians

Este febrero he descubierto algunas series nueva. Un poco tardío con algunas. Pero me perdono. Al fin y al cabo tampoco me tenían muy buena pinta a priori. Ups, perdón. Porque me han gustado; se pasa una tarde agradable. No te remueven y conmocionan como si que hace la magistral Call de midwife, pero tampoco es que podamos estar constantemente con series tan intensas, ¿no? (¡Que luego me sube la tensión!)

La primera es The Librarians, una mezcla entre: Buffy por su sede central (con una biblioteca también circular y el señor mayor de referencia que todo lo sabe), la Cazatesoros por los momentos de acción, el Warehouse 13 por sus artefactos mágicos (que entrarán en contradicción porque muchos ya están guardados en este almacén, ¿no?) y Harry Potter.

Empecemos como Harry Potter lo hace: a una agente de la OTAN de armas tomar (con un peso y tamaño ajustado a su profesión, claro, por fin vamos entendiendo esto) le llega una carta mágica: en ella se la invita a acudir a la Biblioteca porque ha sido elegida para ser la Guardiana del "bibliotecario" (es que en castellano la palabra no queda tan misteriosa, debe ser porque lo vemos como una profesión normal y los libros como algo habitual, pero bueno).

Cuidadín, que la que manda la carta es la propia Biblioteca. Y ahí descubre, al pasar una puerta misteriosa, que la magia es real y que objetos como Excálibur son reales. ¿Os suena, no? ¿Por qué no usar un inicio que funciona?. Si en ese momento estás pensando: que me llegue la carta, que me llegue la carta.

Por cierto, hago un llamamiento a Howards: el sábado es mi cumpleaños. ¿Qué edad hay que tener ahora para que te seleccionen? Que ya va siendo hora, todos los años esperándola y nada. Bah, habrá sido un despiste.

Por donde íbamos. A partir de ahí, aunque hay que ser buenos con los temas de las leyendas y la magia porque, como diríamos comúnmente, se flipan un poco, la serie adquiere matices modernos que la hacen más fácilmente digerible. Por ejemplo, ya no es un super hombre como Indiana Jones, o una super mujer como La Cazatesoros: es un equipo de jóvenes (por primera vez también en la historia de "The Librarians") de muy distinta procedencia.

Y es que el siglo XXI no se entiende de otra forma. Primero: trabajo en equipo, la única manera de que se logren grandes cosas. Lo del super-individuo ya no va con nosotros. Y segundo: diversidad. De razas, de culturas, de procedencia, de habilidades...ya no hay un único cerebrín. Tanto vale la "universidad de la calle" como el arte, las matemáticas o la capacidad de liderazgo. Contradiciendo al refranero popular (claramente racista, debo añadir) ya es ni todos moros ni todos cristianos.

Así que con estas premisas queda articulada la serie, y debo añadir que funciona bastante bien. Es divertida, da pinceladas de historia aunque a veces sea un poco fantasiosa. Y sobre todo, queda justificado que coleccionen objetos porque es para conservar la magia en un entorno seguro (ya sabéis que siempre hay quien la quiere utilizar para sus propios fines...ja,je,ji,jo,ju risa malvada). Porque eso de que la cazatesoros se apropiara del patrimonio cultural así como así...no.

La serie, en realidad, es un spin-off de tres películas para televisión de 2004, 2006 y 2008, en las que se contaba las aventuras de The Librarian (en singular). Y para los que estén esperando si hay una segunda temporada o no, todavía está pendiente de renovación. Así que, por ahora, hay esta temporada de 10 capítulos que terminó en enero.

He de reconocer me han tocado un poquito la fibra al hacer que el superdotado sea el que ha estudiado y reconozca el arte como uno de los conocimientos mas importantes (además de hermosos). Y es que hay vida más allá del informático-científico-ingeniero "listo". Como decía un profesor que tuve en la carrera, recientemente fallecido, el mundo se explica con dos disciplinas: el arte y las matemáticas. Las dos con la misma importancia. Y con esta reflexión, y mi homenaje a Ángel González, termino. Te echaremos de menos, profesor.


miércoles, 28 de enero de 2015

El cementerio británico de Madrid

Después de recordar lo curioso que son los cementerios irlandeses en Navidad nos quedamos con la duda, bueno, yo me quede con ella, de que harían en estas fechas el resto de los británicos -lo que solemos entender como ingleses, vamos- ; así que no me pude resistir y me acerqué al Cementerio británico de Madrid: un secreto en medio de Carabanchel.

El cementerio británico, a veces llamado de los ingleses, está en la calle Comandante Fontanes 7, en metro Urgel para los que habláis, como yo, en paradas de suburbano, y abre, solamente, los martes, jueves y sábados de 10:30 a 13:00, así que hay que planificar bien la visita. Y no, no llevan árboles de navidad ni los regalos a los familiares: pero a cambio descubrí una auténtica maravilla.

Según te acercas no te puedes creer que en medio de bloques exista un cementerio que se remonta, ni más ni menos, que a 1854. Pero sí, ahí está; un oasis de tranquilidad entre bloques de ladrillo. Sorprendente.

Y antes de meternos en materia, y de enseñaros más fotos, os tengo que contar que el Cementerio acepta donativos. Por supuesto donativos en general, pero me gustó que aceptan donativos de plantas vivas. Así que, ya sabéis; si sois de esos seres a los que os regalan plantas cuando se os mueren hasta los cactus (y no miro a nadie, porque tendría que hacerlo en un espejo) no esperéis a que se mueran. O, si sois de esos seres extraterrestres que con solo mirar una maceta sale hasta un bonsai, pues nada, creced y multiplicaos...

La verdad es que merece la pena llevar flores porque lo tienen muy bien cuidado. Es siempre lo primero que
llama la atención en los cementerios de "guiris": son auténticos jardines. Y eso que el cementerio británico lo tiene complicado porque tiene el tamaño de casa de una "pobre de pedir con mechas rubias".

Pero, afortunadamente, como no tienen la tradición de  esas losas horrorosas que ponemos desde hace unas décadas en los cementerios católicos, que parece que tenemos que poner un doble seguro por si alguien se levanta...¡que se escuerne si se le ocurre levantarse!, pues oye, queda de otra manera.

Lápida más o menos pequeña, y lo demás tierra. Tierra. Tan sencillo como esto. Así no hay que llevar flores de plástico ni ramos que se mueren a la semana: ¡se siembra! Fíjate que tontería...y lo bonito que se queda. Y lo que se ahorra. O mejor: lo que se ahorra que se lo gasten en una escultura bonita. Yo es que el mármol gris veteado...me trae por el camino de la amargura. Qué todavía no se ha levantado nadie...relax...

Y por cierto, si estáis buscando lugar de descanso, en este cementerio aún se puede enterrar gente. Creo que solo incinerados, pero oye, que el columbario para los nuevos están al solecito; un lugar muy agradable, y no es broma. Además los nichos se recubren con cerámica, donde se pone el texto en azul: y eso, para alguien de Talavera...pues gusta. Me lo estoy pensando.

Además hay pajarillos y gatos de visita; estás en un jardín; cerca del metro...y como es internacional, seguirás manteniendo el nivel de inglés. Que con lo que nos cuesta, verdad. Uf, como para perderlo.

Además el cementerio tiene otra ventaja. Y es que, aunque en teoría es el cementerio de los británicos, en la práctica fue cementerio para todos los que, o no fueran católicos, o prefirieran dormir en un entorno más internacional. Hay tumbas judías, musulmanas, ateas y cristianas...y todo tipo de nacionalidades: británicos, norteamericanos, alemanes, españoles...más de cuarenta. Muy interesante.


Es una pena que no siempre se detalle algo de la persona que está allí: solo con el nombre es difícil imaginarse la historia. Pero también hay algunas muy historiadas, con historias como el del joven que murió de pulmonía tres días después de llegar a Madrid. Qué lástima. Si es que no es manera de recibir a nadie: con lo que nosotros somos y que no nos acompañe el tiempo. Que no nos lo tengan en cuenta.

Lo que más destaca, nada más entrar (además de la vegetación) es el panteón de la familia Bauer; en esta parte el cementerio tiene un aire al de Buffy cazavampiros, ya veréis.



Es bastante espectacular, con adornos de estilo egipcio e inscripciones en hebreo. Es magnífico, la verdad, y es que os recuerdo que era habitual que, cuando encargabas el diseño de tu casa aprovecharas la ocasión y el mismo arquitecto te diseñara también la tumba. Una cosa muy lógica que se ha ido perdiendo, más por el miedo a la muerte que tenemos en la actualidad que porque ahora todos seamos muy humildes y queramos nada más que el que nos lancen al mar...¡pues no! Que las cenizas humanas contaminan que dan gusto, con esto cuidadín que no somos abono...

A lo que iba. Hay tumbas de familias muy conocidas como las de los Loewe, los Lhardy (del restaurante), los Parish (fundadores del Circo Prize), varios miembros de la familia real de Georgia; pero la más interesante para un historiador del arte puede que sea la tumba de Clifford.

Charles Clifford (1820-1863) fue uno de los pioneros de la fotografía y, junto a Laurent, el más destacado en la España del XIX: se dedicó a viajar por todo el país y sus fotografías son un documento muy importante de la época. ¡Y está aquí! Bueno, no se sabe muy bien donde porque se ve que el cementerio se ha enterrado y salido varias veces. No tanto como en antiguo cementerio judío de Praga, pero a veces si que da esta sensación. Así que me creo que se enterrara y apareciera de nuevo la lápida una buena tarde. ¿La solución? La lapida está colgada en el zaguán de la entrada. Bueno. Nos vale.

Como podéis ver por las fotos en un rinconcito muy especial de Madrid, y conocer a sus moradores seguro que es muy interesante. En teoría en la Embajada Británica tienen el registro: todo será ir a consultar.

Yo os dejo la idea de ir a visitarlo. De llevar plantas también; total, tampoco vamos a ser egoístas con los muertos. No son nuestros fallecidos, pero son los de alguien: no debería importarnos tanto. Y además, si os gusta; pues mira, en algún lugar hay que caer muerto, ¿no? En teoría el dicho hace referencia a una casa, pero vamos, nuestra generación sí que morirá sin ver casas en propiedad ni viviendas oficiales. Y eso de que sea un cementerio europeo, sin religión definida...tiene su aquel. No es el Cementerio del Bosque de Estocolmo, pero que se le va a hacer, este es el que me pilla más a mano.

Yo tardaré un poco más en llegar, no porque vaya a tardar más o menos, si no porque donaré mi cuerpo a la ciencia. Así además de ayudar me doy una vuelta, que no viene nunca mal. Por eso hasta que terminen estaré en pausa. Total, para estar muerto del todo siempre hay tiempo, ¿no? Pues eso.














domingo, 21 de diciembre de 2014

La desolación de los espectadores de El Hobbit


Con tres palabras se puede resumir la última de Peter Jackson, El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos: ¿Que ha pasao?

De verdad, que le ha pasado con esta película con lo bien que iba. Viene a ser el equivalente al estudiante universitario que va fenomenal y luego se tira con una asignatura colgando cuatro años: o cuando haces un viaje de varias horas y ya, llegando a casa, se te cala el coche.

¿Qué te ha pasado, Peter?

Ha llenado la película de merchandising absurdo como cerdos, carneros y ciervos gigantes y un humor a ratos salido del peor Benny Hill. Parece que ha inundado la película de un tonto el que lo lea; como cuando los informáticos se aburren (o se vengan) y ponen mensajes secretos en las aplicaciones ;)

Vayamos por parte, y aviso de spoilers. Los primeros 10 minutos ¿qué narices pintan en esta peli? A ver. Si al dragón le queda nada más que un rato para incendiar la ciudad y que lo maten, pues vamos, lo pones de colofofón en la anterior y ya está ¡Qué no pasa na! Que la gente iba a ir a ver esta peli, ya ves tu que nos importará cuando muere. Con esto...mal.

Después: Jackson, que somos mayorcitos. Que si vamos a estas es porque nos gustaron el Señor de los Anillos y nos tragamos dos horas de batalla. Serias. No te empeñes en meter chistecillos y chascarrillos cada 5 minutos porque, no solo es absurdo, si no que nos distraes. Que parecía The Hobbit Movie.

¡Que no, que no nos dormimos! No hace falta que nos metas un chiste cada dos por tres. A ver, céntrate, que se supone que están luchando a muerte y no echándose una play con los colegas sabiendo que no vas a morir. Un poquito de seriedad cuando derramamos sangre.

Y luego...que daño está haciendo el 3D al cine, que ahora solo tenemos un tipo de toma. ¡Qué cansinos! Que cuando se estudie el cine de esta época a posteriori va a ser todo tan estándar y tan descarado que nos va a dar hasta vergüenza.

Toda toma tiene que rodarse en estilo desfiladero con cosas que se te vengan encima...bueno, pues nada, repetimos y repetimos para que nos parezca que nos metemos en la película. Como si no supiéramos que una proyección, físicamente, es una pared. Vamos, un 2D. Que los pintores llevan mucho tiempo engañándonos con las tres dimensiones: pero que para ser 3D, tiene que ser una escultura. Lo que es, es.

Y para terminar, los grandes personajes de la saga. No, no son los tíos buenorros que abundan por doquier como actores, incluido el supuesto novio de Jon Kortajarena (lo siento, chicas).

Son las fantasías diseñadas exclusivamente para venderlas posteriormente como muñequitos: el ciervo gigante de la reina mora; el cerdo ¿vietnamita? ¿jabalí? sobre el que monta el enano; los carneros que no sabemos de donde salen pero que tan bien les va para subir una montaña; el ¿troll? kamikaze que se pone un pedrolo en la cabeza y destruye murallas a lo Zidane...tantos, tantos absurdos que, entre otras cuestiones, provoca que te sea imposible concentrarte.

Bueno, y Légolas y sus legoladas: que cada vez estoy más convencida de que fue el que enseñó a Jesucristo a caminar sobre las aguas. No os digo más. McGyver a su lado...buah, un alumno de primero de pretecnología. Es que con todo se apaña...es una cosa...

Así que con esas estamos. Si consigues aislarte del ruido y de tanta tontuna se cuenta una historia que, mira, no está mal: Galadriel y Taurel están muy bien, papeles muy interesantes; mueren un poco a lo Harry Potter y consiguen que nos identifiquemos, valoremos y entendamos a Bilbo: el verdadero protagonista de la película.

De todas formas, los que salen flipando de la película no sé qué es lo que han visto. Las butacas rojas en esto hacen mucho daño, porque tanta sacudida no puede ser buena. Entre eso, y la cantidad de cervezas que vi que recogían las de la limpieza, me puedo explicar un poquito.

Una pena que terminar en lo alto sea siempre tan complicado. Si lo entiendo; tienes tantas ganas de terminar, estas tan cansado, que te vuelves descuidado. Cualquiera que haya hecho un Máster lo entiende.

Y mira, seguro que material promocional venden a millones: yo ya quiero el ciervo (¿Megaloceros?) pero a tamaño real para mis paseos triunfales. Con un par (de cornamentas).


sábado, 20 de diciembre de 2014

Cementerios navideños en Irlanda

Como decíamos ayer....ya están aquí de nuevo las Navidades, y con ellas...¿las depresiones?

Personalmente no termino de entenderlo. Muchos me dicen que son épocas en las que se echan de menos a los que no están. Esto puede ser correcto. Pero supongo que también aplica a otras fiestas de guardar.

No sé. Le doy vueltas y no termino de verlo. Me parece un poco como cuando a las madres no les apetece hacer algo y sieeeeeempre les echan la culpa a los niños, en plan: "Es que a menganita no hay quien la lleve a pitupli". Y claro, con la excusa eso que se ahorran. (Ahora, que el niño cuando se entere va a flipar, como me pasó a mí).

Seguro que me falta experiencia y que soy yo, no ellos; pero desde luego, cuando yo muera, que nadie deje de celebrar las Navidades. Al contrario: más vale que sigan disfrutando -o no respondo de mi mortitud-.

Y eso que yo, yo, no celebro las Navidades: celebro el solsticio de invierno. ¡Algo que es como para no celebrarlo!

Después de cada día notemos, en más de dos minutos, que los días se van haciendo más cortos, más fríos, más oscuros...por fin, llega la noche más larga del año (que es como la traca final) y ahí, en ese momento, todo cambia.

De repente tienes la promesa de que los días serán cada vez más largos, eventualmente más cálidos....y poco a poco irás viendo las primeras yemas que anuncian la primavera.

Es el momento en que tomas consciencia de que lo más duro ha pasado: no por nada en muchas culturas a noviembre se le llama el "mes negro", un mes que tradicionalmente cuenta con el mayor número de suicidios. Donde los viejitos mueren porque ya no tienen fuerzas para esperar otra primavera.

¿No os parece algo digno de celebración?

El año pasado pasé las vacaciones de Navidad en Irlanda y fui testigo de algo que me gustó muchísimo, y que me parece una manera serena y muy bonita de unir esas dos contradicciones que parece que muchos sufren en esta época.


En Irlanda el día de Navidad -en el que suelen ir a misa, pero en eso mejor no entramos-, antes del banquete, se acercan en familia al cementerio a visitar a sus seres queridos: integrándolos de esta manera en la celebración.

Y los cementerios irlandeses en esta época son dignos de verse. Porque no solo van, o llevan flores: realmente, llevan la Navidad a la tumba.

Te puedes encontrar árboles con luces, los juguetes que le han traído Santa (por ejemplo, vi un balón), flores de Pascua, adornos de todo tipo...me pareció tan espectacular como inesperado.

Nunca vi llevar la Navidad más allá de nuestras puertas, y desde luego, me pareció totalmente maravilloso. El cementerio estaba cálido, lleno de vida, celebrando una fiesta.

Numerosos adornos estaban bajo urnas para evitar que se los llevaran los cuervos (por cierto, que si alguna habéis se os ha planteado la duda entre crow y raven -como la tenía yo- es que no habéis visto un raven, ya os lo digo).

Todavía me dura el asombro y ya hace un año; y es que me pareció una manera tan serena de unir los dos mundos, tan festiva, que aun estoy ojiplática.


Así que, igual que el Cementerio del Bosque de Estocolmo me pareció el mejor sitio de descanso posible; la tradición irlandesa de acercar la Navidad a nuestros ancestros también me ha gustado muchísimo (y me la quedo).

¿Harán lo mismo en España los que vayan al Cementerio de los Ingleses de Madrid? Ya tengo plan. Habrá que ir a comprobarlo.